Las capillas testeras de la Catedral Metropolitana

Las capillas testeras de la Catedral Metropolitana se realizan en la segunda mitad del siglo XVIII. En mayo de 1752 una buena parte del edificio de la Catedral de Buenos Aires se vino abajo. El Cabildo Eclesiástico apruebó su reconstrucción recién en 1755. Domingo Basavilbaso, un comerciante, fue el designado para manejar los fondos de la reconstrucción. La obra se le encargó al arquitecto saboyano Antonio Masella.

Al parecer los materiales utilizados por Masella no eran los adecuados. En 1770 se detectaron rajaduras en la cúpula que obligaron a rehacerla. Diez años después se comenzó a equipar con los nuevos retablos.

Durante las 3as. Jornadas del Instituto J. Payró en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, el profesor Ricardo Gonzalez afirmó que:

Las capillas testeras de las naves laterales muestran a la institución eclesiástica y a la representación de la elite de la sociedad civil adscripta como terciarios del clero secular.

Esta afirmación se basa, por ejemplo, en que el altar de San Pedro estaba a cargo de la congregación de curas seculares dirigida por el Cabildo Eclesiástico. Del otro lado, el altar de Nuestra Señora de los Dolores, pertenecía a una cofradía fundada en 1750. La misma estaba dedicada a la salvación de las almas del purgatorio. En esta nota haremos referencia sólo al Altar de San Pedro.

El retablo de San Pedro

Del retablo de San Pedro no se ha conservado documentación para conocer a su autoría. Sin embargo estudiosos de la materia afirman que. por sus detalles, es de Juan Antonio Hernández.

Corresponde al tipo de nicho único. Tiene una sola calle con columnas laterales. Esta rematado por un ático y su frontón es clasicista. La composición es lo que llama a afirmar la autoría de Hernández. Esto es columnas corintias, como enmarque del nicho. También dos pilastras decoradas con paños que caen sobre el arco de la hornacina sostenidos por querubines.

En el nicho principal se ve al Apóstol. Se lo muestra como Sumo Pontífice. El frontón partido muestra el emblema papal. En el ático un óculo con una cartela.

El banco presenta motivos simbólicos relativos a Cristo y la Iglesia. También las virtudes de la Fortaleza y la Sabiduría. Además los símbolos de la institución eclesiástica y la eucaristía y de la Iglesia y el culto litúrgico.

La abundancia de elementos náuticos en el sotabanco se entienden
como una apelación a la Nave de la Iglesia, conducida por Cristo. Cabría agregar, como síntesis de la temática del retablo el emblema papal que se ubica en el tímpano. Símbolo de la dignidad máxima de la Iglesia católica representada en primer lugar por el apóstol titular.

El nicho pequeño del banco y la imagen que contiene son agregados modernos.

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