El barrio de Flores y la historia de su Basílica

El barrio de Flores comienza su historia en 1609. Ese año Mateo Leal de Ayala, un militar español que también ejercer la alcaldía de Buenos Aires, compró las tierras que más tarde conformaría el casco del pueblo.

Luego de diversas herencias, adquisiciones y ventas, Juan Diego Flores se hizo de las tierras en 1776. Un libro de la Junta Histórica de Flores asegura que pagó 500 pesos de plata en dos cuotas. Hacia 1800 la chacra abarcaba desde el Riachuelo hasta la chacra de los Colegiales y desde Miserere hasta Ramos Mejía. Al morir, en 1801, las dejó en herencia a su hijo adoptivo Ramón Francisco. Cuatro años después, siguiendo el consejo de su albaceas, Antonio Millán, decidió fraccionar la parte central de su propiedad. La que era atravesada por el camino Real, actual avenida Rivadavia.

Acuarela del segundo templo realizada por  Charles Henri Pellegrini  en 1840
Acuarela del segundo templo realizada por Charles Henri Pellegrini en 1840

El barrio de Flores no tiene templo

En la misma época Benito Lué y Riega (Obispo de Buenos Aires desde 1802) realizaba una visita pastoral por la campaña. Comprobó entonces la falta de asistencia religiosa de los pobladores de la zona. Por lo tanto creó un nuevo curato. Se reunió con Flores para convencerlo de hacerlo en sus tierras.

Poco tiempo después Ramón Francisco hizo la donación de una parcela. El obispo agradecido elevó el pedido al Virrey Rafael de Sobremonte quien lo autorizó inmediatamente. Lue y Riega, mediante un Auto de Erección, el 31 de mayo de 1806,  creó el Curato bajo la advocación de San Joseph. También le agregó de Flores en agradecimiento a la familia donante.

De la construcción

Rápidamente los vecinos comenzaron por su cuenta a levantar la primera capilla. Lo hicieron sobre la actual Rivera Indarte con frente hacia el Este. Era una construcción precaria. Construida con materiales inadecuados. Su techo era de paja sostenidos por tirantes de palmera y paredes de adobe. El presbítero Simón de Bustamante fue el primer sacerdote interino del templo. Él era Teniente Cura en Nuestra Señora de la Piedad. Ocupó ese interinato hasta el 4 de diciembre de 1808. Allí se hizo oficialmente cargo del curato el padre Miguel Garcia.

El sacerdote era doctor en Teología egresado de las universidades de Córdoba y Chuquisaca, de una cultura poco común para la época. Con los años llegó a ser presidente de la Legislatura y más tarde, Rector de la Universidad de Buenos Aires.

Altar de Nuestra Señora de Lujan flanqueadas con dos cuadros que representan diferentes momentos en la vida del Papa Francisco
Altar de Nuestra Señora de Lujan flanqueadas con dos cuadros que representan diferentes momentos en la vida del Papa Francisco

Al poco tiempo el templo comenzó a mostrar filtraciones de agua y graves rajaduras en sus paredes. Esto significaba que podía desplomarse sobre los feligreses. El Obispo, alertado por la situación, le pidió al párroco que comenzara a recaudar limosnas en dos oratorios particulares.

García, también debió abocarse con urgencia a reedificar todo. Para poder hacer un templo más sólido y duradero, el sacerdote no dejó propietario sin visitar. Consiguió lo que muchos consideraban casi imposible, sacarle en donación al propio Ramón Francisco Flores. Fueron doce mil ladrillos de primera calidad. Los habitantes del barrio eran de muy pocos recursos económicos y el padre poco pudo hacer con el escaso dinero así obtenido.

Nave central de la Basílica San Jose de Flores
Nave central de la Basílica San Jose de Flores

El segundo templo

El 19 de febrero de 1810 comenzaron a realizarse los cimientos del nuevo edificio. En una extensión aproximada de “8,5 varas de frente por 20 de fondo”. Pero, el 12 de mayo de 1810, los trabajos tuvieron que suspenderse nuevamente por falta de fondos.

Casi un año después, comenzaron las obras, quedando nuevamente suspendidos a los tres meses. Al no lograr darle término, el presbítero García se vio obligado a establecerse en uno de los corredores contiguos al edificio en construcción. De esa forma podía brindar los oficios. Estuvo en esa condición dos décadas.

Grabado de época con el templo con solo una torre
Grabado de época con el templo con solo una torre

En febrero de 1830, se hizo cargo del curato el doctor Martín Boneo, amigo personal de Juan Manuel de Rosas. El padre Boneo no dudó en contactar con los referentes de las clases acomodadas de la época para recaudar el dinero suficiente para terminar el templo. También nombró como síndicos de la obra a los terratenientes Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego. Poco después obtuvo algo más importante: la solidaridad de su amigo el gobernador. Como resultado lo nombró padrino del templo. Rosas jugó un papel decisivo para su concreción.

El afamado ingeniero Felipe Senillosa, autor de los planos, tomó también la dirección de la obra en forma totalmente gratuita. La iglesia se inauguró el 11 de diciembre de 1831 con grandes festejos populares que se prolongaron durante toda la semana. Lo consagró el obispo Medrano y Cabrera con la presencia del gobernador de Buenos Aires. La primer misa se hizo aunque todavía faltaba terminar el pórtico y la segunda torre, que se concluyeron en 1833. Ese templo tenía parte del retablo mayor de la catedral Metropolitana. De aquella primera iglesia quedan pocos testimonios, entre ellos uno del francés Charles Henri Pellegrini. Padre del presidente de la Argentina.

Tercero y último

Mientras tanto la población crecía y el templo ya no aceptaba más ampliaciones. Entonces se lo derribó y en 1879 se colocó la piedra fundamental de la actual basílica. Nuevamente gracias el esfuerzo de los pobladores y el ímpetu del párroco Feliciano de Vita. Finalmente pudo inaugurarse y el 20 de enero de 1912 fue consagrado basílica por el Papa Pío X.

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