La historia del altar mayor de la Catedral de Buenos aires sigue en forma paralela las sucesivas alteraciones que experimentó la estructura original de la Catedral Metropolitana entre los siglos XVII al XX. En el centro se observa la imagen de la Inmaculada Concepción de María, testigo silencioso de más de dos siglos de historia porteña
El primer dato mencionándolo es del carmelita Fray Pedro Carranza. Dirigiéndose al rey de España Felipe III, dice:
«un retablo viejo de lienzo y coro ni cosa que huela a devoción ni decencia».
El edificio de la catedral sufrió entonces su primera demolición y se construyó otro [De indecente a Catedral]. En 1693 seguía «sin adorno ni retablo pues sólo tiene el altar mayor un sagrario sin colgaduras y pocos ornamentos», describieron dos sacerdotes al rey.
A mediados del siglo XVIII, el Cabildo Eclesiástico dispuso: «componer el retablo del Altar mayor de una y otra cara por faltarle diferentes piezas y hallarse deteriorado por su antigüedad. También por los clavos con que se afianzan las colchas, arcos, ramos, flores y demás aderezos con que se ha estado adornando para todas las festividades, pedimos que se dore la cara de adelante y se pinte la de atrás».

El retablo de Isidro Lorea: la obra de un maestro navarro

El retablo actual es anterior a 1774 y su realización es obra del artesano Isidro Lorea [Isidro Lorea, un ebanista vasco de Buenos Aires], nacido en Villafranca, Navarra, hacia 1740. Este tallista vasco, formado en arquitectura y talla en su tierra natal, arribó a Buenos Aires en 1757 con un espíritu inquieto y ansias de conquistar un futuro prometedor en el Nuevo Mundo .
Apenas instalado en la ciudad portuaria, abrió una gran ebanistería. Además de dirigirla con éxito, se dedicó a la importación de maderas, lo que le permitió concentrar la demanda de tallas de arte sacro. Hacia 1766 comenzó a tallar y dorar las figuras y columnas de los altares de la Catedral Metropolitana .
Las piezas se unieron con 1000 clavos de hierro forjados por esclavos, quienes luego se convirtieron en los primeros artesanos retablistas de la ciudad. El altar mayor pesaba 20 toneladas .
En 1782, el mismo Lorea pidió que se le dijera dónde se iba a colocar definitivamente el retablo. Allí se generó una discusión entre los sacerdotes. Fue entonces el rey Carlos III quien resolvió:
«Ordena que el coro se coloque en el presbiterio y que el Altar, pensado para colocar debajo de la cúpula, se ubique más atrás».
Luego se dieron cuenta, cosa que don Carlos no sabía, que en el altar mayor había sepultados clérigos y civiles. Entonces el retablo no podía estar allí; lo solucionaron colocándolo en el fondo del Presbiterio.
Hay un escrito donde Diego de Alvear y Ponce de León, vecino de la ciudad, describe en 1803: «su hermoso tabernáculo triangular de columnas con toda la decoración y riqueza del orden compuesto. Tiene sin embargo, el defecto de estar mal colocado. Como encasquetado en la cabeza del crucero donde no cabe el segundo cuerpo (refiriéndose al coronamiento final) habiendo sido hecho para debajo de la cúpula. Y se le ha puesto de remate o coronamiento recortado, que aun así quiere tocar a las cornisas, causando notable disgusto y mala vista».
Las alteraciones del retablo y el altar mayor a lo largo de los siglos
Esta es la cronologia de todos los cambios sufridos por el altar mayor de la Catedral de Buenos Aires
- 1774-1789 – Construcción y concepción original: El artista español Isidro Lorea recibió el encargo de construir el retablo mayor. La obra se concibió de manera excepcional para ser rodeable, es decir, diseñada para estar separada del muro testero y no adosada a él, como un gran tabernáculo central. Esta característica lo convertía en una pieza única en su tipo, no solo en América sino también en España.
- 1831-1836 – Desmantelamiento y dispersión: Durante el obispado de Mariano Medrano, la Catedral se sometió a importantes reparaciones. En 1836, se documenta que los «sobrantes» del Altar Mayor se entregaron al párroco de San José de Flores, Martín Boneo. Con estas piezas, el ingeniero Felipe Senillosa trazó un nuevo altar para esa iglesia. Esta intervención marcó el desmantelamiento del retablo original, cuyas partes se dispersaron .
- El 6 de diciembre de 1836, «La Gaceta Mercantil» publicó un oficio del párroco Boneo informando: «Tengo la satisfacción de anunciar a V.E. haber realizado con los sobrantes del Altar Mayor de la Santa Iglesia Catedral que se me entregaron, por orden de V.E. con fecha 8 de julio del presente año, un tabernáculo en forma de altar que ocupa el frente principal de esta Iglesia» .
- 1858 – Primer traslado y mutilación: Este año se modificó el coro de la Catedral, lo que motivó el traslado del retablo. Para adaptarlo al fondo del presbiterio, fue necesario mutilario, alterando su estructura para adosarlo contra el muro testero.
- 1879 – Creación del nicho giratorio: El Cabildo Eclesiástico resolvió quitar el tabernáculo de su ubicación y construir un gran nicho con un mecanismo giratorio en el retablo para albergar la Eucaristía y la imagen de la Purísima Concepción. Esta disposición es el origen del gran nicho giratorio que hoy vemos en el retablo .
- Finales del siglo XIX y XX – Reformas posteriores: Las sucesivas reformas continuaron alterando la traza primitiva del retablo, desvirtuando en muchos aspectos el diseño original de Isidro Lorea.
- Siglo XXI: Para el Jubileo del 2000, el orfebre Carlos Daniel Pallarols finalizó la ornamentación en platería religiosa tras 2 años de trabajo. Pallarols hizo la cruz en el centro; alfa y omega a los lados; espigas de trigo y vides (pan y vino); peces en los laterales (milagro de los panes y peces, símbolo cristiano primitivo)

El destino de las piezas dispersas
Parte del retablo original fue a parar a la primitiva parroquia de San José de Flores, diseñada por el ingeniero Felipe Senillosa. Ese templo se demolió en 1879. Y desde entonces, se desconoce el paradero de esa pieza .
Otros elementos fueron a la Iglesia San Cipriano de General Las Heras, en la provincia de Buenos Aires, donde se armó el altar mayor. Pero al adaptarse su presbiterio a la nueva liturgia, ese altar se retiró. Solo quedan de él dos capiteles, habiendo desaparecido un par de columnas y otros componentes .
El hallazgo de 1997: la capilla oculta
Durante la restauración de la Catedral en 1997, al mover el retablo mayor se produjo un descubrimiento sorprendente. El arquitecto Juan Carlos Poli contó a La Nación el momento: «Cuando corrimos los tres retablos principales, el mayor, el de Nuestra Señora de los Dolores y el de San Pedro, porque había que realizar trabajos de restauración en el muro, descubrimos, con sorpresa, que el retablo del altar mayor había sido proyectado en 1774 para ser rodeable y no pegado contra el muro testero» .
Al retirar el retablo mayor, descubrieron que el muro tenía una pared que lo tapiaba. Detrás de ella encontraron una gran capilla: nada menos que la original catedral colonial, que contrasta con el estilo renacentista que impera en el resto del templo. La estructura del arco y las dos pilastras triangulares que lo sostienen son exactamente iguales a las de la capilla de Belén, en San Telmo, construida en 1754 .
Junto con el corrimiento del retablo mayor, no solo apareció el diseño original de la catedral, sino que también volvió a ver la luz, luego de 138 años, la contrafachada del retablo con una alegoría de la Inmaculada Concepción. «Nuestra emoción fue indescriptible», recordó Poli .
Este hallazgo confirmó el diseño original del retablo para ser rodeable y permitió recuperar esa parte de la historia que permanecía oculta.
La Mano del hombre
Con el paso de los años, el tabernáculo de Lorea sufrió diferentes remodelaciones. Hasta se cercenó una parte. Ninguna de las sucesivas adaptaciones contribuyó a mejorar el tabernáculo de Lorea, sino simplemente a desvirtuarlo. De no haber sido así, hoy tendríamos en la Iglesia Catedral un extraordinario ejemplo de esta tipología de altar, contándose entre los muy escasos existentes tanto en España como en América .
Estos sucesivos descuidos del patrimonio hacen que hoy no tengamos, en nuestra iglesia Catedral, un ejemplo intacto de la obra original. Sin embargo, el hallazgo de 1997 nos permite al menos vislumbrar aquella concepción original. Un retablo pensado para ser caminado, para ser rodeado, para ser contemplado desde todos los ángulos. Como un gran tabernáculo central que invita a los fieles a acercarse al misterio de la Eucaristía desde todas las direcciones.
Hoy, cuando te acerques al altar mayor de la Catedral Metropolitana, recordá que estás frente a una obra con más de dos siglos de historia. Una obra que fue mutilada, dispersada, escondida y redescubierta. Pero que sigue allí, en el corazón de Buenos Aires, custodiando la Eucaristía y la imagen de la Inmaculada Concepción, esperando que vos, fiel porteño, te detengas un momento a contemplarla.


Que ádvocacion de la virgen es la sel retablo
Es la Virgen Maria Bajo la Advocacion de la Inmaculada Concepcion
Muchas gracias. Es hermosisima. Como todas las advocaciones de nuestra Madre.