La Basílica Nuestra Señora de Buenos Aires se ubica en el barrio de Caballito, en la intersección de la Avenida Gaona 1730 y Espinosa. Es conocida por su imponente arquitectura neogótica y sus puertas de bronce con relieves históricos.
Como llegar y datos de contacto de la Basilica Nuestra Señora de Buenos Aires
- Dirección: AV. GAONA 1730
- Como llegar a la Basilica Nuestra Señora del Buen Aire:
- Colectivo: Las líneas que tienen paradas cerca de la basílica son: 124, 76, 99.
- Mail: parroquiabuenosaires@hotmail.com
- Telefono: +54 11 5458-2863
Horarios
- Horario de Secretaria: lunes a viernes 16:00 a 20:00
- Horario de Misas:
- de martes a sábado 19:00
- domingo: 9:00; 11:30 y 19:00
- Horarios de apertura:
- Lunes a sábado: 9:00 a 12:30 y 17:00 a 21:00.
- Domingos: 8:30 a 13:00 y 17:00 a 21:00
Otros Datos de Interés
- Posee Cinerario parroquial
- A cargo del clero Religioso Congregacion: De la Bienaventurada María de la Merced
- Primera partida: 13/02/1912
- Fecha de erección canónica: 25/01/1912 Por: S.E.R. Mons. Mariano Antonio Espinosa
Historia de la Basílica Nuestra Señora de Buenos Aires
La historia de la Basílica Señora de Buenos Aires comienza el 9 de septiembre de 1893. Ese día, Celina Bustamante de Beláustegui donó un extenso terreno en Caballito para que los Mercedarios pudieran construir allí su escuela e iglesia. Este gesto marcó el renacer de una comunidad religiosa. La que, medio siglo antes, había sido despojada de su templo original en el casco histórico de la ciudad.
Por orden de un decreto confiscatorio firmado por Rivadavia, se obligó a los Mercedarios a abandonar la Basílica Nuestra Señora de la Merced y el Convento San Ramón Nonato, disolver la orden o emigrar. Sin techo y sumidos en la pobreza, se instalaron en lo que entonces era una zona rural. Desde allí, caminaban diariamente unas veinte cuadras para asistir a misa en la iglesia del Buen Pastor, su templo más cercano. Esa travesía silenciosa, marcada por la fe y la resiliencia, fue el preludio de una nueva etapa que aún hoy se respira entre las paredes de la basílica.
El legado arquitectónico de la Señora de Buenos Aires
Según relata Fray José Brunet en su obra Santa María del Buenos Aires, la Basílica de Buenos Aires —cuyas imponentes torres alcanzan los 75 metros de altura— es diseño del arquitecto salesiano Ernesto Vespígnani, reconocido también por la construcción del templo María Auxiliadora. Para este proyecto, Vespígnani se inspiró en los planos del ingeniero conde Carlos Copi, originalmente concebidos para la iglesia del Sagrado Corazón de María en la ciudad de Turín.
A la muerte de Vespígnani, lo sucedió el padre Francisco Martínez, también salesiano. A los primitivos constructores Murnie y Costa se los reemplazó por Pini y Costa.
Tres templos antes del templo: el camino hacia la basílica
La basílica Nuestra Señora de Buenos Aires tuvo 3 antecesores en este mismo lugar. El primero, un modesto oratorio dedicado por los padres cordobeses Osan y Torres a San Pedro Nolasco, fundador de los mercedarios, y bendecido por Monseñor Federico Ameiros el 17 de noviembre de 1893.
El 10 de marzo de 1894, en la intersección de la actual avenida Gaona y la calle Espinosa —por entonces una vía proyectada—, Monseñor Antonio Espinosa bendijo la piedra fundamental de una nueva capilla. La obra avanzó rápidamente y se inauguró el 10 de agosto de ese mismo año. En 1895, se celebró allí por primera vez en Buenos Aires la festividad de Nuestra Señora de Bonaria, marcando un hito en la devoción mariana de la ciudad. Con el paso del tiempo, aquel espacio sagrado se transformó y hoy funciona como una de las aulas del colegio contiguo.
De capilla en capilla: el crecimiento de la comunidad mercedaria
El 21 de septiembre de 1897, la comunidad mercedaria se trasladó a una nueva capilla construida por Nicolás González, que fue bendecida por Monseñor Antonio Espinosa. Años más tarde, el 4 de agosto de 1918, se colocó y bendijo la piedra fundamental del templo definitivo en la esquina de las actuales avenidas Gaona y Espinosa. Poco después, el 24 de septiembre, se descubrió una imagen catalana tallada en mármol de Nuestra Señora de la Merced, en conmemoración de los 700 años de la fundación de la orden mercedaria. El acto contó con la presencia de un representante papal, subrayando la importancia espiritual y simbólica del evento.
Finalmente, tras décadas de esfuerzo y devoción, la actual Basílica Señora de Buenos Aires fue inaugurada el 3 de diciembre de 1932. Restaurada a principios de la década de 1990, el templo conserva su esplendor arquitectónico y espiritual, convirtiéndose en un verdadero testimonio de fe y perseverancia. Para quienes deseen conocer este lugar emblemático y sumergirse en su historia, es posible adquirir pasajes de micro a través de Zona Pasajes, facilitando así el acceso a uno de los destinos religiosos más significativos de la ciudad.
Arquitectura de Nuestra Señora de Buenos Aires
Con un estilo neogótico lombardo inspirado en el norte de Italia, la Basílica Señora de Buenos Aires se impone con una presencia monumental. Su fachada está coronada por un rosetón pentagonal enorme, flanqueado por las bases de dos torres campanarios de planta cuadrangular, ubicadas en los extremos opuestos del eje del edificio. Una de ellas alberga un reloj histórico de 1928. Estas estructuras envuelven el atrio central, al que se accede por dos imponentes puertas de bronce.
Fachada, torres y símbolos de la historia nacional
Las torres, verdaderos pilares de identidad visual del templo, están decoradas con terrazas de celda campanaria en forma de templete circular, finamente recortadas y caladas. Catorce estatuas de santos mercedarios vigilan desde las alturas, como custodios silenciosos de la fe que habita en cada rincón de esta obra majestuosa.

En esas macizas puertas de bronce construidas por la firma Piana & Gatuzzo, se rinde homenaje, con esculturas en relieve, a Juan Díaz de Solís, Pedro de Mendoza, Cristóbal Colón y Juan de Garay. En su interior, podemos admirar un baldaquino de diecinueve metros de granito rosado alemán con capiteles de bronce coronado por doce ángeles; es obra de Quintino Piana. Fue presentado en 1926 con el Altar Mayor de mármol italiano decorado con mosaicos venecianos que pone de manifiesto la excelencia de la firma Cadenazzi.

En el altar mayor encontramos las imágenes de Nuestra Señora de la Merced y Nuestra Señora de los Buenos Aires, ubicada sobre una embarcación. Esa estatua fue realizada por la firma parisina Barelli y fue bendecida el 25 de abril de 1897 y colocada en el altar el 14 de mayo con la celebración de las fiestas patronales. El templo tiene una longitud de 80 metros de largo y por su estructura, tiene una particular luminosidad.
Arte sacro y esculturas que embellecen el interior de la Señora de Buenos Aires
La pila bautismal fue esculpida conforme al diseño del padre José Márquez, alma mater del emprendimiento, quien imaginó «un ángel que es todo poesía entre ramos de azucenas y coronas de rosas para el bautisterio; lleva corona de laurel y hay un niño sonriente a sus pies«.
La estatua en mármol de Carrara fue llevada a cabo en forma más que fidedigna. Otro ángel con una paloma a sus pies se yergue sobre una pila de agua bendita decorada con querubines en el vestíbulo. Juan Crai, escultor argentino, fue uno de los artesanos que trabajó con la dirección de Alejandro Canabó en la maravillosa obra de escultura y revestimientos. Especialmente encantadoras son las estatuas de los acólitos con el hábito mercedario para ofrendas esparcidos por toda la basílica.

Las once campanas genovesas para los campanarios de setenta y cinco metros—uno de los cuales contiene el reloj—se colocaron en 1928. Coronadas por estilizadas agujas con cruces, las notables torres están espléndidamente decoradas con terrazas de celda campanaria en forma de templete circular con recortes y calados con catorce estatuas de santos mercedarios. La impresionante basílica de ochenta metros de largo y treinta y dos de ancho es de cemento armado.
La Señora de Buenos Aires y la Virgen Generala
En la planta alta se encuentra el camarín de la «Virgen Generala«, Nuestra Señora de la Merced, ante la cual Manuel Belgrano le entregó el bastón de mando tras la batalla de Tucumán. La imagen de la Virgen de la Merced que se utilizó en torno al 24 de octubre (un mes después de la batalla) era la «procesional», no la del altar.
Es común y razonable que exista una imagen portante para los actos públicos. La que nos interesa estaba en guarda en la familia «camarera» (eso era también común en siglos pasados), que se ocupaba no solo de guardarla y rendirle culto, sino de mantenerla en condiciones para cuando le fuese requerida.
El regreso de la imagen histórica: de Tucumán a Buenos Aires
Tras la batalla de Tucumán, seguramente muchas veces fue y volvió a la iglesia (hoy basílica) con motivo de las celebraciones del 24 de septiembre. Sin embargo, parece que esa costumbre se fue perdiendo y a principios del siglo XX, los descendientes de aquella familia camarera se enteraron de que los Mercedarios se habían radicado nuevamente en Buenos Aires, y quisieron devolver la imagen; la ofrecieron a la Orden y dos religiosos de la comunidad porteña viajaron a Tucumán y en tren, trajeron la imagen histórica en 1913.
Mientras la construcción de la basílica apenas comenzaba, se decidió reservar el camarín para albergar la imagen de la Virgen Generala. Originalmente, ese espacio estaba destinado a la Virgen de Buenos Aires, titular del templo. Sin embargo, el histórico bastón de mando que Manuel Belgrano ofreció tras la batalla de Tucumán no se encontraba en poder de la familia camarera —encargada de custodiar la imagen—, sino en la iglesia Nuestra Señora de la Merced de Tucumán. Por ese motivo, en el camarín se exhibe únicamente una réplica de ese símbolo patrio.
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Basílica Nuestra Señora de Buenos Aires