Las Hermanas del Buen Pastor, oficialmente conocidas como la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, es una congregación religiosa católica internacional dedicada a la justicia social y al servicio de personas en situación de vulnerabilidad.
Hermanas del Buen Pastor: Un Faro de Misericordia en el Corazón del Mundo
En el vasto panorama de la vida consagrada, hay congregaciones que brillan con una luz especial por su entrega silenciosa y su amor incansable por los más vulnerables. Las Hermanas del Buen Pastor, conocidas oficialmente como la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, son uno de esos faros de esperanza que iluminan los rincones más oscuros de la sociedad con la ternura misericordiosa de Dios.
Fundada para ser reflejo vivo del Buen Pastor que busca a la oveja perdida y carga sobre sus hombros a la más débil, esta congregación religiosa internacional ha dedicado casi dos siglos a caminar junto a quienes más sufren, especialmente mujeres, niñas y familias heridas por la violencia, la pobreza y la exclusión.
Un Origen Francés con Raíces Profundas
La historia de las Hermanas del Buen Pastor comienza en Angers, Francia, en el año 1835. Allí, una mujer de fe inquebrantable, Santa María Eufrasia Pelletier, dio vida a esta congregación tras recibir la aprobación pontificia. Pero su espíritu no nació de la nada; bebía de fuentes más antiguas.
Las raíces espirituales de las Hermanas del Buen Pastor se hunden en la tierra fecunda de la Orden de Nuestra Señora de la Caridad, fundada años antes por un gigante de la espiritualidad francesa: San Juan Eudes. De él heredaron la devoción al Corazón de Jesús y de María, y una particular sensibilidad por acompañar a mujeres en situación de vulnerabilidad.
Santa María Eufrasia supo leer los signos de su tiempo y comprendió que el carisma heredado necesitaba expandirse, abrirse a nuevas formas de llegar a quienes más lo necesitaban. Así nació esta congregación que hoy, casi dos siglos después, sigue dando frutos en los cinco continentes.
Dos Corazones, una Sola Misión
Una de las características más bellas y singulares de las Hermanas del Buen Pastor es que viven su carisma desde dos estilos de vida distintos, pero profundamente unidos en una misma misión. Como las dos alas de un mismo pájaro, necesitan ambas para volar:
- Las Hermanas Apostólicas: Son el rostro activo de la congregación. Dedican su vida al servicio directo en comunidades, escuelas, hogares y centros de reinserción. Las encontrará trabajando codo a codo con jóvenes en situación de riesgo, acompañando a madres solteras, educando en la fe a niños y niñas, o brindando apoyo psicológico y espiritual a mujeres víctimas de violencia. Su misión es llevar la misericordia de Dios a los caminos polvorientos de la vida cotidiana.
- Las Hermanas Contemplativas: Originalmente conocidas como las «Hermanas Magdalenas» desde 1825, son el «corazón orante» de la congregación. Viven en clausura, dedicadas a la oración, el silencio y la intercesión constante. Desde su ocultamiento, sostienen con su entrega silenciosa toda la obra apostólica. Son como las raíces profundas del árbol, que no se ven pero alimentan todo el ramaje. Sin ellas, la misión de las hermanas apostólicas carecería de ese soplo espiritual que la fecunda.
Ambas formas de vida se miran, se complementan y se necesitan. Las unas evangelizan con la acción; las otras, con la contemplación. Juntas forman un solo cuerpo que late al ritmo del amor misericordioso de Dios.
El Carisma de la Reconciliación
Si hubiera que definir con una palabra el carisma de las Hermanas del Buen Pastor, esa palabra sería reconciliación. Inspiradas en la figura de Jesús como el Buen Pastor —aquél que deja las noventa y nueve ovejas para ir tras la perdida, aquél que carga sobre sus hombros a la débil, aquél que conoce a cada una por su nombre—, estas religiosas se convierten en instrumentos de encuentro entre la persona herida y el amor que sana.
No juzgan. No señalan. Acogen. Acompañan. Ayudan a reconstruir vidas rotas por la violencia, la explotación, la pobreza o la soledad. Su labor es un puente tendido sobre el abismo del dolor, para que quienes han sido descartados por la sociedad puedan volver a sentir que tienen un lugar en el mundo y, sobre todo, en el corazón de Dios.
Una Presencia que Abraza el Mundo
Lo que comenzó como un pequeño germen en Angers, Francia, hoy es un árbol frondoso que extiende sus ramas por 66 países de los cinco continentes. Desde América Latina hasta África, desde Asia hasta Europa, las Hermanas del Buen Pastor están presentes allí donde el sufrimiento llama a su puerta.
En cada uno de esos lugares, adaptan su labor a las necesidades concretas de la gente, pero siempre fieles a su carisma fundacional: ser Buen Pastor para quienes más necesitan experimentar el amor misericordioso de Dios.
Un Llamado a la Esperanza
En un mundo que muchas veces parece dominado por la indiferencia y el descarte, la existencia de congregaciones como las Hermanas del Buen Pastor es un grito de esperanza. Nos recuerdan que el amor es más fuerte que el odio, que la reconciliación es posible y que nadie está tan perdido que no pueda ser encontrado.
Las Hermanas del Buen Pastor en Caballito
Para los fieles de Buenos Aires, conocer su historia y su misión es también una invitación a preguntarnos: ¿cómo podemos nosotros, desde nuestro lugar, ser también «buen pastor» para quienes nos rodean? Tal vez no estemos llamados a fundar congregaciones ni a viajar a países lejanos, pero sí podemos, como ellas, aprender a mirar con misericordia, a acoger sin juzgar y a tender una mano a quien tropieza a nuestro lado.
Siendo que la Madre María de San Agustín fundó la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en la Argentina, en abril de 1886, se resolvió recomenzar con los trabajos que dieron lugar al monasterio y a la capilla consagrada al Sagrado Corazón de Jesús el 12 de Octubre de 1904. Diez años después de haber sido colocada y bendecida la piedra fundamental. Fue bendecida por el arzobispo de Buenos Aires, Mariano Espinosa, el 3 de Diciembre de 1907.
De Capilla a Parroquia
Casi 90 años después las Hermanas ceden la capilla, a la Diócesis para que sea convertida en el templo de la nueva Parroquia del Buen Pastor. El Padre Omar Di Mario fue su primer párroco. El colocó en la mano de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que está en lo alto del muro detrás del altar, el Cayado del Buen Pastor. También hizo un segundo altar donde era el Coro. Y reinstaló el sagrario original que estaba sobre el altar principal. También hizo construir el ambón en un estilo similar al principal. El Arzobispado de Buenos Aires la erigió recién el 24 de Marzo de 1996.
Con el correr de los años – de 1960 en adelante- el noviciado se convierte en Casa de Retiros Espirituales. La parte frente a portería que daba a la calle, destinada a Menores de Buena Conducta que quisieran estudiar afuera, se convierte en un Pensionado. Es la actual Residencia Universitaria Buen Pastor (RU-BP).
Detrás del altar mayor de la Parroquia del Buen Pastor se encuentra la lápida que cubre los restos de la Madre María San Agustín de Jesús. Quien fuera fundadora de las casas iniciales de la Congregación del Buen Pastor en América del Sur. Ella falleció en 1928 en el Convento de la Arden, vecino al templo y del cual éste fue su oratorio.
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Las Hermanas del Buen Pastor en Caballito

