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Basílica de Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario

A principios de 1762, un pareja de vecinos, se dirigen al Deán y Cabildo de la Santa Catedral, solicitando permiso para levantar una iglesia. Manifiestan que Dios les ha concedido bienes de fortuna y “no teniendo sucesión, después de veintitrés años de matrimonio, habían decidido levantar un templo capaz, de material de ladrillos cocidos y techo de tejas, con sacristía y vivienda para un sacerdote”. Pedían además que se erigiese en parroquia y que en ella fuese venerada una imagen que tenían de Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario. El permiso se concede el 5 de junio de 1762, y la iglesia es construida y terminada por sus albaceas.

Por auto del 3 de noviembre de 1769, el obispo de Buenos Aires, Manuel Antonio de la Torre, decreta la creación de las primeras parroquias (hasta ese momento sólo había una parroquia: la Catedral) entre las que menciona a “La Piedad”. El templo fue consagrado el 12 de diciembre de 1769.

En 1866, a través de una Comisión Parroquial, se contrata a los arquitectos-ingenieros Nicolás y José Canale para proyectar y construir el templo.

Ese mismo año, Carlos Enrique Pellegrini es designado ingeniero consultor, una especie de agente técnico de la parte comitente, mientras que los Canale eran a la vez proyectistas, directores de obra y contratistas. Aunque esta obra monumental se ve exteriormente ahogada por su falta de perspectiva, por estar implantada sobre una calle muy estrecha, su planta llega a los casi setenta metros de fondo y más de treinta de ancho.

El 7 de febrero de 2002, fue designada Basílica, por los antecedentes históricos, pastorales y los valores artísticos del templo.

El Templo

Es de estilo románico clásico, donde sobresalen su volumen y grandiosidad, como así también su magnífico relieve sobre el frontis. En su atrio, en 1998 se ubicaron, a ambos lados de la entrada principal, las estatuas de tamaño natural de San Pedro y San Pablo.

En su interior se destacan en el altar mayor, construido con mármol de Carrara, la imagen de La Piedad (réplica de la existente en el Cementerio de Vaugirard, Paris, Francia), a diferencia de la escultura existente en el Vaticano, en esta Jesús yace sobre el piso. Hacia la derecha se ubica el altar de Nuestra Señora de los Dolores y hacia la izquierda, el de San José y el Niño Jesús. Tiene una nave principal y cuatro laterales con tres altares menores en cada uno de sus lados. Otras obras importantes son un mural de Nuestra Señora de la Piedad, un Cristo Crucificado, denominado Señor de la Súplica y sus grandes vitrales.

De fachada simétrica con un pórtico hexástilo sobre una escalinata de cuatro gradas, puerta principal y dos laterales, columnas corintias extremas apareadas, mientras que, las dos del centro forman tres intercolumnios regulares; y dos torres de dos cuerpos cada una.

Está dividida en tres naves de doble crucero y entre 1871 y 1873 se procede a la construcción de las cúpulas. Su construcción demandó cerca de treinta años y desde 1895 a 1901 fue el arquitecto italiano Giovanni (Juan) Antonio Buschiazzo el encargado de su terminación que no solo supo ser el discípulo de los Canale sino también su continuador tanto en el estudio como en la labor profesional y que logró coronar gloriosamente varias de sus principales obras arquitectónicas.

Beata Mama Antula

Cuenta el historiador Julio Luqui Lagleyze: ” A fines de 1779 llega frente al templo una monja, cargando unos pocos bártulos y ayudada por un palo rematado por una cruz; es sor María Antonia de Paz y Figueroa. La acompañan Ramona Díaz y Manuela Villanueva. Al llegar allí unos chicos se burlan de ellas y las apedrean. Las tres penetran el templo para agradecer a Dios haber llegado con bien a la ciudad, ya que vienen caminando desde Santiago del Estero. Allí en La Piedad, Mama Antula tiene la visión de su misión”.

El 2 de octubre de 2014 por decreto presidencial se declara como sepulcro histórico nacional al mausoleo que guarda los restos de la venerable María Antonia de Paz y Figueroa, situado en la nave lateral derecha de la iglesia.

Mama Antula falleció el 7 de marzo de 1799 en la celda 8 de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales (Av. Independencia y Salta), que aún hoy se conserva. En señal de humildad fue enterrada en la iglesia de La Piedad, sin ataúd ni epitafio alguno, revestida con el hábito negro y un rosario al cuello. Las hermanas de la Congregación, en previsión futura y para localizar la sepultura, le colocaron un leño de ñandubay como almohada.

El mausoleo fue costeado por el biógrafo de la beata, monseñor Marcos Ezcurra, quien encargó en Génova, Italia, una escultura de mármol. El sepulcro consta de la citada estatua que se ubica sobre un sencillo plinto cuya única decoración consiste en dos pequeñas columnas. Se colocó en la cara frontal de su base la placa con una leyenda epigráfica, que fue costeada por don José Portugués y otros fieles devotos de sor María Antonia.

El sitio del sepulcro fue lugar de memoria y veneración de esta mujer santiagueña, considerada un modelo de solidaridad social y de santidad por numerosas generaciones de argentinos. Que fue beatificada por Francisco el 27 de agosto de 2016.

Cofradía de San Baltazar y Ánimas

La Cofradía de San Baltazar y Ánimas fue creada por el clero de Buenos Aires para negros, mulatos e indios en 1772, en la Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario.

A pesar de haberse constituido el culto a San Baltazar como una estrategia de dominación del poder virreinal para la comunidad africana, ésta parecerían haberse apropiado del culto transformándolo a fin de insertar valores propios de su cultura, como el modo devocional a través del canto y el baile.

La Iglesia, por su parte, admitió en este culto la realización de algunas danzas africanas, aunque más que admitir fue la legalización una practica imposible de extirpar (estrategia que no es nueva en su historia y que sigue siendo una de sus reiteradas astucias al momento de abrazar prácticas paganas).

De hecho, es sorprendente cómo fue cómplice del sistema esclavista creando una cofradía bajo la advocación de un santo que canónicamente no lo es. Si bien la ortodoxia católica festeja en el 6 de enero la Epifania del Señor o “Santos Reyes” la canonización individual de cada uno de éstos es hasta el presente básicamente popular. Tal es así que en nuestro litoral, al no podérselo venerar en iglesias, su culto se limita a capillas familiares, teniendo cada una relación más o menos buena con el cura párroco local”.

Disuelta la cofradía en 1856, dos años después de la caída de Rosas, el culto a este Rey Mago negro no sólo se halla plenamente vigente, incluso con capillas muy recientemente levantadas, sino que muchas de las concepciones religiosas que impregnan la cosmovisión de sus devotos y las practicas musicales que realizan evidencian patrones simbólico-musicales de procedencia africana.

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