google-site-verification=i8BJdhcBYIU6BoWbD9nhrY9sJEGzsIAS2ktqPThSTfA

Santa Teresita: La infancia espiritual que revoluciona el corazón

Hoy quiero compartir con ustedes una joya que el Espíritu Santo nos regala a través de Santa Teresita del Niño Jesús. Su «camino de la infancia espiritual» parece un concepto simple, pero encierra una profundidad que puede transformar nuestra relación con Dios.

En un mundo que nos exige ser fuertes, independientes y tener todo bajo control, Teresita del Niño Jesús nos propone algo radicalmente distinto. Nos invita a volver a ser como niños ante nuestro Padre Dios. ¿Y qué significa esto? No se trata de ser infantiles o inmaduros, sino de abrazar una confianza total en el Amor que nunca nos falla.

Teresita del Niño Jesús comprendió que Dios no nos pide grandes hazañas. Él espera principalmente nuestra confianza. Cuando leemos su historia, descubrimos que su santidad no se construyó sobre gestos espectaculares, sino en la humildad de quien se sabe pequeña y totalmente dependiente del Padre.

¿Recuerdan cómo un niño se lanza en brazos de su padre sin dudar? Así debemos ser con Dios. SantaTeresita lo entendió perfectamente. En su autobiografía nos dice: «No puedo crecer, debo soportarme tal como soy, con todas mis imperfecciones«. Pero ¡qué liberación encontramos en estas palabras!

Teresita del Niño Jesús nos interpela

Hoy, en medio de tantas incertidumbres y desafíos, este mensaje resuena con fuerza renovada. La infancia espiritual nos ofrece un camino de paz interior. Nos libera de la angustia por controlarlo todo. Nos enseña a abandonarnos en las manos de Dios, seguras de que Él nos lleva siempre hacia el bien.

Santa Teresita comparaba el alma con un ascensor que la lleva directamente a Jesús. No son necesarias escaleras heroicas, solo ese abandono confiado que nos une a Él en lo ordinario. ¿Y dónde vivimos esto? En la aceptación de nuestras limitaciones, en el servicio callado en familia, en la paciencia ante la enfermedad, en la sonrisa que ofrecemos cuando el cansancio aprieta.

Ella encontró la santidad «en el corazón de la Iglesia» desde su clausura. Nosotras podemos hallarla en el corazón de nuestros hogares, en el trabajo diario, en el cuidado de los que amamos. Cada pequeño acto de amor, hecho con entrega confiada, se convierte en un paso hacia Dios.

Teresita del Niño Jesús murió joven, pero su legado perdura. Su rosa sigue lloviendo gracias sobre el mundo. Nos enseña que la verdadera fortaleza no está en la autosuficiencia, sino en reconocer nuestra pequeñez y dejar que Dios sea grande en nosotras.

Hagamos nuestra esta oración sencilla:

«Jesús, enséñame a ser pequeña como Teresita.
Que confíe en Ti como un niño en brazos de su padre.
Que encuentre en la sencillez el camino hacia tu Corazón.
Amén.»

Fuente externa: Aleteia