BA Iglesias ®

Las Iglesias de Buenos Aires estan llenas de historias, conocelas

Parroquia y Santuario Santa Lucia, Virgen y Mártir

No es posible reseñar los hechos salientes que jalonan el proceso evolutivo de Barracas, sin hacer mención especial de la iglesia parroquial de Santa Lucía. Es uno de los más antiguos santuarios porteños cuyas fiestas patronales se celebran el 13 de diciembre.

Está ubicada en la ex Ensenada de Barragán y Pampas, luego calle Larga, Av. Santa Lucía y actual Montes de Oca.

En el año 1783, María Josefa Alquizalete, hizo trasladar la capilla que tenía en terrenos de su propiedad, ubicada en las actuales Sarmiento y Montevideo, a su quinta de Barracas. El Obispo de Buenos Aires, Fray Sebastián Malvar y Pinto, le concedió autorización para que pudiese tener un oratorio en honor a Santa Lucía de Siracusa en dicho solar gracias al informe presentado el cura Alonso de los Rios: “haciendo inspección de la pieza de dicho oratorio la encontró con el aseo y decencia cual corresponde a tan alto ministerio, sin que falte utensilio alguno…”. Con ello se concedió a doña María Josefa de Alquizalete “el que pueda tener y tenga un oratorio en su quinta, para que en él se pueda celebrar misa por cualquier eclesiástico secular, o regular, que tenga las debidas licencias, y que en dicho oratorio, pueda cumplir con el precepto de oír misa los días festivos, la referida doña María Josefa de Alquizalete, su familia y criados, como cualquier u otras personas que concurran a ella, aunque no este presente la precitada”.

SAnta lucia nave central

La inauguración, ocurrida en 1887, fue apadrinada por el entonces Presidente de la Nación, Juárez Celman. La jurisdicción de la Parroquia de Santa Lucía, determinaba también el Distrito Electoral Barracas al Norte, (antigua denominación para la zona norte del Riachuelo). Si bien la ley de juzgados es de 1867, existía una cláusula por la cual se prevenía que la parroquia de Santa Lucía no sería considerada erigida, hasta tanto no estuviera construido el templo.

Por decreto municipal del 20 de marzo de 1871, el doctor Eugenio Federico de la Serna Peña (familiar del actor Rodrigo de la Serna (ver: www.familiadelaserna.com.ar) es nombrado medico parroquial para atender a los enfermos de la epidemia de fiebre amarilla que ocurrió en el Sur de la ciudad.

Santa Lucia 03En épocas electorales, en el atrio de la iglesia se ubicaban las mesas de escrutinio. En el diario de Sesiones del Congreso de la Nación, con fecha 20 de julio de 1874, se relata una denuncia que informa que la votación se llevó a cabo en la casa del juez de paz y no en el atrio de la iglesia. Situación que quedó sólo en esa denuncia ya que el fraude electoral era muy común en la Argentina del siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX. Durante las elecciones de 1893 se enfrentaron los “cívicos” contra los nacionalistas o roquistas, protestando los primeros porque se había hecho votar a varios vecinos muertos y se había cometido un fraude vergonzoso.

Las crónicas periodísticas de la época, cuentan también de un casamiento realizado en la Iglesia de Santa Lucía, donde los novios llegaron en automóvil. Un hecho único que ocurría por primera vez en América del Sur, (1902). Según imágenes que observamos y ofrecimos a especialistas el vehículo podría ser un Panhard & Levassor del siglo XIX.

En 1929, al celebrarse las bodas de plata de sacerdocio de quien fuera su párroco durante 35 años -Ignacio Paso Viola- se llevó a cabo una importante renovación del templo. Las obras incluyeron la restauración de los dos altares exisSanta Lucia_cupulatentes, la refacción de los techos, la ampliación del presbiterio, la construcción de tres nuevos altares y la decoración pictórica completa.

Esta última estuvo a cargo de Augusto Juan Fusilier, artista argentino nacido en 1891 y vecino de Barracas quien es autor -además- de la remodelación de 115 iglesias en todo el país. Fue terciario franciscano y recibió distinciones de los Papas Pío XI, Pío XII y Pablo VI en reconocimiento a su trabajo religioso. Entre ellas se destaca su nombramiento como Caballero de la Orden de San Silvestre Papa en 1972.

Las tres imágenes de Santa Lucía

En la capilla de Sarmiento y Montevideo, la imagen de Santa Lucía era pequeña y de vestir. El vestido y el manto carmesí estaban bordados en oro. La cabellera cae sobre los hombros. En una mano tiene la palma y en la otra el plato de los ojos. Esta es la que se la conoció como la imagen chiquita: la chiquita.

A fines del siglo XVIII la chiquita fue sustituida por una mayor, que es la que ahora es llevada en las procesiones. Esta imagen quedó en la casa de los Alquizalete y luego pasó en propiedad de los nuevos dueños. Hasta que en 1886 Julián Viola, tío del padre Ignacio, logró rescatarla y decidió restituirla al templo.

El padre Samperio inició con la chiquita una procesión por el interior del templo, todos los días 13 y en ocasiones también fue llevada en la procesión del 13 de diciembre.

La imagen mayor

Se calcula que a partir de 1794 la imagen mayor presidió la capilla primitiva. Es la que hoy está en el camarín. El 12 de diciembre de 1887, la imagen salió de la capilla formándose una grandiosa procesión que recorrió varias cuadras de la calle Larga y a su término, entró por primera vez al nuevo templo.

Algunas imperfecciones que presentaba la imagen impulsaron al padre Samperio a embellecerla y para ello le encomendó a la Casa Majó de Buenos Aires, la tarea de realizar una talla artística y hermosamente decorada. La talla en madera estuvo a cargo del artista tirolés, Leo Moroder.

La imagen del Altar Mayor

La otra imagen de Santa Lucía que preside el altar mayor del templo, es una talla de madera inaugurada en 1890, que fue donada por Julián Viola y Agustín Richieri. Fue diseñada y decorada en un taller de Barcelona.

Sus Reliquias

La parroquia posee también algunas reliquias de la santa virgen y mártir. Una de ellas se conserva en un pequeño relicario que se da a besar en las festividades. Otra reliquia se conserva en un hermoso relicario que fue bendecido en 1952, el día de la festividad, por el cardenal Santiago Luis Copello, quien además presidió la procesión. Desde esa fecha el relicario integra la procesión.

El camarín

Durante mucho tiempo la chiquita fue venerada en un camarín pequeño e incómodo para la numerosa feligresía que llegaba a rendirle su devoción. Luego de sucesivas restauraciones, el 12 de junio de 1999 se habilitó y fue bendecido el nuevo Camarín, que puede verse en la foto de abajo. La remodelación fue posible gracias a una generosa donación anónima.

De las Invasiones Inglesas y un poco mas

En su libro de memorias (Los últimos cuatro años de la dominación española en el antiguo Virreinato del Rio de la Plata) Francisco Saguí, un comerciante de la época, describe una hecho ocurrido en proximidades de la capilla. Luego de relatar el desembarco del Mayor irlandés Williams Carr Beresforfd en las costas de Quilmes y contar como esos mil quinientos sesenta hombres llegaron en dos días del otro lado del puente de Barracas (a la altura de donde hoy está el puente Pueyrredon) y desde allí comenzaron a tirotearse con la avanzada porteña dice:

Se les había hecho concebir a nuestras milicias apostadas en las barrancas que dominan la llanura, la esperanza de que la artillería, marchando por Paso-Chico le tomaría la retaguardia. El inspector general D. Pedro de Arce era el encargado de batirle, mientras que el virrey (NdelA: Rafael de Sobremonte y Núñez), apostado a más de una milla, en la quinta de Dorna (NdelA: se refiere al comerciante sevillano Antonio Dorna) frente a Santa Lucía de donde ni siquiera veía al enemigo, impartía órdenes (…) El virrey desde entonces desesperando de un buen éxito, ya no pensó más que en una indigna fuga a Córdoba, su ciudad favorita, de la que había sido antes gobernador.

Todos los milicianos porteños, en su gran mayoría sin instrucción militar, al oír los primeros disparos de parte de los ingleses huyeron como el Virrey. Una vez cruzado el rio y cercano a la capilla se detuvieron y enviaron a un oficial al Cabildo para solicitar la capitulación de la ciudad. En esa misma quinta (la de Antonio Dorna) en 1810 se reunían los conspiradores de la revolución de Mayo.

En 1812, otra propiedad de la zona vuelve a ser sitio de conspiraciones. La quinta de Álzaga se transforma en “Cuartel General de los Conjurados”. La capilla de Santa Lucía se convierte así, en refugio de Martín de Álzaga ante las persecuciones del cual era objeto, siendo finalmente ajusticiado en la Plaza de la Victoria.

Durante los sucesos de la crisis revolucionaria de 1820 el Brigadier José M Paz cita en sus memorias: “Entonces llamando el gobernador (Dorrego) a todos sus ayudantes les dijo –¡Corra V. a tal y tal cuartel, Vds. A tal tales otros, y ordenen de mi parte a todos los acaldes que para las tres de la tarde me pongan precisamente en Santa Lucía de Barracas tantos caballos buenos cada uno!”

La Pulpera de Santa Lucía

El poeta y escritor Héctor Pedro Blomberg y el Guitarrista Enrique Maciel a fines del año 1920 y principio del 1930, se destacaban por narrar historias y acontecimientos: Muchos de ellos estaban vinculados a personajes de la época en que don Juan Manuel de Rosas gobernaba la provincia de Buenos Aires y era el Canciller de la Confederación Argentina.

La-pulpera-de-Santa-LucíaSon muchos los templos que tuvieron origen en los barrios de la capital federal y hoy todavía conservan el nombre en sus parroquias. En muchos de esos nombres, Blomberg creó una serie de hermosas historias relacionadas con mujeres que podían haber vivido en esas parroquias y una de ellas es la parroquia de Santa Lucía.

En cercanías del templo actual, había una pulpería en la que vivía Dionisia Miranda. Ella en realidad nació con el nombre de Ramona Bustos, fue conocida como “la Rubia del Saladero”, en alusión a los que predominaban por la zona de Barracas.
La historia cuenta que el papá de Dionisia era perseguido por Juan Manuel de Rosas y decidió huir a Uruguay, en ese momento la cocinera de la familia doña Flora Valderrama decidió llamarla Dionisia.

A ella se la podía ver detrás del mostrador de la Pulpería de la Paloma, cercana a la capilla. Contaban que su belleza era mucha y la muchachada del centro de entonces, solía llegarse hasta Barracas sólo para contemplarla.

En 1849 cayó por la pulpería un soldado de Lavalle apellidado Miranda, con fama de payador. Miranda, ya novio de la rubia, huyó con ella hacia Uruguay, desde ese momento la pareja pasó a ser un misterio.

Héctor Pedro Blomberg escribió “La pulpera de Santa Lucia” un vals musicalizado por Enrique Maciel, que se estrenó en la voz de Ignacio Corsini en 1929
Las procesiones

En 1838, Pastor Obligado describía la tradicional procesión de la virgen siracusana: “Y es de esta capilla de Santa Lucía, que sacaban la pequeña imagen el 13 de diciembre de 1838, entre repiques, bombas, cohetes y camaretas, orquesta de negros y mulatos con bombos, platillos y chinescos delante, y abastecedores, matarifes y devoto paisanaje a la retaguardia”.

Años antes, cuando fueron prohibidas las corridas de toros que solían organizarse para celebrar las fiestas de Santa Lucía, comenzaron a realizarse carreras de sortijas, en un trayecto que iba desde la esquina de “La Banderita” (hoy Suarez y Montes de Oca) hasta la quinta de Casajemas, siendo luego la “argolla” ofrendada a la virgen.

Las procesiones

En febrero de 1871 tuvo lugar la que fue llamada “Procesión de la sequía”. Con ella, los fieles de la capilla se unían a las rogativas generales para que se produjera la lluvia que pusiera término a la sequía que asolaba al país. “La santa fue sacada en solemne procesión a las seis de la tarde por la calle Larga, concurriendo todo y lo mejor de Buenos Aires. Comenzó la procesión bajo un cielo azul y despejado. Al terminar cayó una lluvia torrencial en la parroquia al igual que en el resto del país, que hizo unir en una misma plegaria la petición y la acción de gracias” relata un escrito de la época.

En 1882, los hermanos Serantes, propietarios a la sazón de los terrenos donde se hallaba instalada la capilla, que ostentaba entonces el N° 78 de la Avda. Santa Lucía, propusieron trasladarla a otro lugar de la propiedad, es decir, a la vuelta, en el terreno que miraba al sur (hoy calle W. Villafañe), frente a la plazoleta que allí existía.

En diciembre de 1883 se celebraron solemnemente las fiestas centenarias de la capilla. Los diarios anunciaron el programa preparado entre los días 13 y 16, indicando: “…las fiestas estarán espléndidas y la iluminación será mucho más profusa que en los años anteriores, debido a que la Intendencia Municipal ha tenido a su cargo la colocación de los arcos y pago del alumbrado”.

El Padre “Antonito” Capellán de Santa Lucía

Mariano Antonio Espinosa nació en Buenos Aires el 2 de julio de 1844 y fue bautizado el 12 en la parroquia de San Ignacio. Fue criado por don Antonio Modollel, propietario de “La Quinta de Barracas”, donde se levantaba la capillita de Santa Lucía. Lo confirmó Ludovico María Bessi, quien luego fue delegado apostólico.

Ingresó al Seminario Conciliar el 7 de febrero de 1859. Después de recibir las órdenes menores en 1863, el 12 de enero de 1865 viajó a Roma para continuar sus estudios en la Universidad Gregoriana donde se doctoró en Teología en 1869. Fue ordenado presbítero el 11 de abril de 1868.

Ese año Espinosa regresó a Buenos Aires, siendo designado secretario general del arzobispado, al mismo tiempo que se desempeñaba como capellán de la parroquia. Por esos años hacía a caballo sus viajes a la Catedral y a caballo cruzaba las quintas para llevar los auxilios espirituales a los enfermos. Durante este tiempo su vida fue de una rigurosa austeridad. Habitaba un pequeño cuartito vecino a la capilla en el que nunca usó cama para dormir, porque se acostaba en el suelo sin colocar en el piso ningún colchón

Sus virtudes le granjearon el afecto del vecindario que era testigo de su abnegación. Esta simpatía se puso de manifiesto cuando se decidió a levantar sobre las ruinas de la antigua capilla, un templo digno de la devoción que el pueblo de Buenos Aires profesaba a Santa Lucía.

El padre Antonito fue el alma de esa empresa, no sólo animando a la comisión de damas que lo secundaban y que presidía Petrona Coronel de Lamarca, madre del prominente dirigente católico Emilio Lamarca, sino que él mismo se impuso el deber de ir de puerta en puerta para obtener los fondos necesarios.

Cuando terminó el templo de Santa Lucía, el arzobispo Aneiros lo convocó a trabajar en la Curia, lo cual no fue bien visto por una comisión de vecinos que dirigiéndose al prelado le pidieron que no se retirara del vecindario “al muy benemérito, virtuoso e inteligente director espiritual…que es una garantía para la paz y armonía entre los de Barracas al Norte.

© Miguel Cabrera BAIglesias.com, 2017. Está estrictamente prohibido el uso no autorizado y / o la duplicación de este material sin el permiso expreso y por escrito del autor y / o propietario de este sitio. Pueden utilizarse extractos y enlaces, siempre que se dé un crédito completo y claro a Miguel Cabrera y BAIglesias.com con una dirección apropiada y específica al contenido original.

A %d blogueros les gusta esto: