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Parroquia Santa Margarita María Alacoque

Surgida como un desmembramiento de la Parroquia de La Sagrada Familia, los orígenes de Santa Margarita María Alacoque se remontan a la década de 1930 cuando un grupo de vecinas deciden alquilar un cuarto a Francisco Morandi a efectos de catequizar a los niños del barrio. Con María Leonor Ramírez Basualdo a cargo de los grupos, los domingos los niños eran conducidos hasta la Parroquia de la Sagrada Familia a más de un kilómetro y medio de distancia con cruce de arroyo incluido para asistir a la Misa. El centro catequístico de las señoras tenía por patrona a Santa Margarita María Alacoque.

Fue precisamente el párroco de la Sagrada Familia quien impulsó su creación y con el aval del Cardenal Copello, Santa Margarita fue erigida canónicamente el 25 de julio de 1942, aunque su inauguración -que contaría también con la presencia del Cardenal- tendría lugar recién el 21 de octubre de 1944.

Gracias a la generosidad de los vecinos del barrio se realizó una gran colecta entre 1945 y 1946 para recaudar fondos para la compra de la campana del templo, posteriormente bendecida el 28 de noviembre de 1948. Meses atrás se había inagurado el ”arco de luces” en la fachada de ingreso al templo y se habían adquirido los vitrales que dotan de luminosidad el amplio interior.

Emplazada en uno de los rincones más verdes de Buenos Aires, Santa Margarita se destaca por sus simples pero hermosas líneas románicas, obra del mismo arquitecto que diseñara el templo de Santiago Apóstol en Núñez. La iglesia cuenta con un vasto predio que comprende el templo en sí con sus respectivas dependencias parroquiales, un encantador jardín y un vasto salón de reunión.

Acorde con las nuevas disposiciones del Concilio Vaticano, la parroquia celebró en 1969 sus bodas de plata con un flamante altar que no fue en detrimento del estilo del templo. Fue en esa década también que Santa Margarita pasó de depender de la Vicaría Belgrano a la Vicaría Devoto.

En lo que respecta a las imágenes, resulta de singular relevancia la presencia del hermoso cuadro del altar mayor que simboliza la aparición del Sagrado Corazón a Santa Margarita. Fue realizado por un artista del barrio de nombre L. Ahmetov el mismo año de inauguración de la parroquia. Cuenta también el templo con una reliquia de la santa patrona.

Recientemente arribó al templo una bonita imagen de la patrona procedente de Paray-le-Monial, la región del convento de las hermanas de la Visitación donde residió Margarita en vida y actualmente descansa. Cabe destacar que dicha imagen fue confeccionada especialmente para la parroquia argentina y fue bendecida en la mismisíma habitación donde tuviera lugar la Gran Revelación. Con tan sólo 85 cm de altura, la imagen de apacible belleza fue entronizada por Monseñor Sucunza el 16 de octubre de 2002. Es también digno de mención el himno que la santa inspiró a un compositor local de nombre Simón Imperiale-cuya partitura dedicada de puño y letra al Padre Schiavi se preserva actualmente en el templo.

Otras imágenes de especial interés son las advocaciones marianas de Nuestra Señora de las Maravillas, patrona de Murcia -la imagen original donada por una vecina española en 1950 fue sustraída- y la de la Madonna de los Pobres, una reciente donación firmemente emparentada con la labor de Caritas parroquial. Un expresivo Calvario domina la nave lateral izquierda.

La parroquia ha siempre ocupado un lugar de privilegio en el corazón de sus feligreses. Cuenta una anécdota conmovedora que durante los ataques de vandalismo de junio de 1955, los hombres montaban guardias diurnas y nocturnas para preservar al templo de los ataques. Las mujeres, en cambio, colaboraban llevándoles alimentos y hubo incluso familias que llegaron a salvaguardar al Santísimo en los armarios de sus hogares .

Visita de las Reliquias

El 11 de Octubre de 2004, procedentes de Paray-le-Monial, y en el marco del 60º Aniversario Parroquial, por pedido del párroco, Néstor Omar Gallego, llegaron a nuestro país las reliquias peregrinas de Santa Margarita María. Contenidas en un relicario a modo de capilla, de sesenta y siete kilos y medio de peso, se trata de dos costillas flotantes, dos clavículas y un pedacito de cerebro –incorrupto-. Estos sagrados restos están protegidos por una finísima tela de brocato dorado y adornados por una rosa maciza de oro.

Llegadas a Ezeiza, partieron a Pilar para ser veneradas por dos días en el Monasterio de la Visitación de Santa María. El día 13, fueron trasladadas a la Catedral Metropolitana, y tras una misa presidida por el Vicario General de la Arquidiócesis, Mons. Joaquín M. Sucunza, fueron llevadas a la parroquia. Se expusieron para su libre veneración, delante del altar, por tres días consecutivos, en el transcurso de los cuales se celebraron cuatro misas diarias. La ultima fue el sábado 16 y estuvo a cargo del entonces Monseñor Bergoglio.

Daniel Artola, del periódico zonal El Barrio, relata la llegada del relicario de la siguiente manera:

Es miércoles 13 de octubre y en la parroquia de la calle Pico 4950 el movimiento de gente es incesante. Varios colaboradores que lucen pecheras blancas ajustan los detalles para el gran recibimiento, mientras un grupo mujeres reparte a los visitantes recipientes de plástico con pétalos de flores naturales.

-Es para darle la bienvenida a Margarita -dice alguien.

Son las tres de la tarde y la ansiedad crece, porque esa es la hora señalada para su arribo al templo, a su casa.

-Están viniendo por la avenida General Paz -anuncia otro colaborador.

Un muchacho sube la escalera que lleva al campanario para preparar el recibimiento con tañidos elocuentes. Los vecinos forman fila a los costados de las escalinatas de ingreso y en sus puños tienen los pétalos para arrojarlos sobre el relicario. La primavera se suma a la fiesta con un día radiante y lleno de luz. De pronto, por la avenida Ricardo Balbín, dobla una motocicleta de la Policía que hace de escolta. Tras ella se ve una camioneta que luce carteles con la imagen de la santa. Un concierto de bocinas de varios autos acompañantes anuncia lo que todos esperaban. “Por fin llegaron”, respira una coordinadora y suenan las campanas más afinadas que nunca. De la camioneta baja el Padre Néstor Gallego, párroco de la iglesia y promotor de la idea. De otro vehículo descienden Raúl e Isabelle, los amigos franceses. Raúl es flaco y alto. Lleva lentes y los rasgos de su cara son finos. Sin perder tiempo enciende una filmadora y comienza a registrar todo lo que pasa a su alrededor. Su mujer es también alta y rubia.

Entre sonrisas y palabras de satisfacción, varios hombres levantan la tapa del baúl de la camioneta y los curiosos rodean el móvil. Unos disparan flashes, otros miran con asombro. Se ve una valija acondicionada para transportar semejante tesoro. Varios voluntarios asen las manijas y suben las escaleras. Vuelan pétalos y los aplausos rompen la siesta del miércoles. Ya adentro, quitan los precintos de seguridad y retiran los paños de goma espuma que se usan de protección. El relicario luce sobre una mesa acondicionada con flores. Tiene varias puntas de metal a lo alto y a los costados unos cristales transparentes. Adentro se conservan en buen estado, escapando de la degradación, un par de costillas y de clavículas junto a un pedacito de cerebro. “Por lo visto, Margarita quería venir a vernos”, dice el Padre Néstor. La gente comienza a rezar y a adorar las reliquias, que son el mejor regalo que la parroquia podía recibir en su cumpleaños número sesenta.

Una seminarista se arrodilla y las lágrimas de felicidad le cubren el rostro. Ese tipo de escenas se repetirán durante los tres días que permanecerá el relicario. Antes, al mediodía, se había oficiado una misa en la Catedral Metropolitana con la presencia de los restos y una multitud que colmó el recinto. “Donde está Margarita está la gente”, afirma el Padre Néstor.

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