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Parroquia Santa Elena

La zona de Palermo que abarca las parroquias de Santa Elena y San Tarsicio pertenecía, en el año 1924, a la parroquia de Guadalupe que pertenecía a la congregación del Verbo Divino. El territorio de esa parroquia era muy grande ya que se extendía hasta el Río de la Plata. El crecimiento poblacional del barrio hizo que, a iniciativa del Padre Ricardo Kanfhold, se establecieran, centros catequísticos en las zonas alejadas cercanas al río. Se le confió, entonces, a la Liga de Damas Católicas de Guadalupe el hacer realidad esta iniciativa.

Se iniciaron, asi, las primeras Misiones bajo carpa. Esta obra incomparable la llevó a cabo el Padre Enrique Rohling, secundado por la Liga renovando católicamente al barrio llamado “de los tachos”, desde avenida del Libertador hacia el río.

En 1924, el párroco de Guadalupe Federico Rademacher, contando con el apoyo de esta Liga, abre un Centro Catequístico, en la calle Cerviño 3536, donde el 18 de agosto, día de Santa Elena, se celebra la primer misa.  En septiembre del año siguiente, coincidiendo con el cincuentenario de la congregación del Verbo Divino, se coloca la piedra fundamental de la Capilla Casa del Niño de Santa Elena. La bendición estuvo a cargo de Monseñor Fortunato Devoto.

Exactamente, el 6 de diciembre de 1927 se inaugura la cripta y es bendecida solemnemente por el Arzobispo de Buenos Aires Fray José Botaro. Pero es recién en 1936 que se adquiere en la calle Lafinur 3331 un terreno para construir un nuevo templo. En abril de 1951 comienzan las obras con la ayuda de la de la Asociación Pro Templo y Obras de Santa Elena. Cuatro años después, pese el Cardenal Copello inaugura y bendice el nuevo tempo, aún sin terminar.

Su interior es de una sola nave, con falsos pórticos. Las ventanas superiores no poseen vitrales con imágenes religiosas. Con una torre campanario sobre la derecha. El rosetón sobre el pórtico posee unos hermosos vitrales que, en días de sol, le da una belleza particular a su interior. El acceso es por escaleras. En su interior llaman la atención las tallas en madera de Santa Elena y San Jose, que fueron realizadas en 1944. También posee un bello relicario de la Santa. Es un templo muy elegido para celebrar casamientos.

Santa Elena

Elena era la madre del emperador romano Constantino, el primer emperador convertido al catolicismo.

En el 326 Elena está con su hijo en Bizancio, a orillas del Bósforo. Aunque se aproxima ya a los setenta años alienta en su espíritu un deseo altamente repensado y nunca confesado, pero que cada día crece y toma fuerza en su alma; anhela ver, tocar, palpar y venerar el sagrado leño donde Cristo entregó su vida por todos los hombres. Organiza un viaje a los Santos Lugares en cuyo relato se mezclan todos los elementos imaginables pertenecientes al mundo de la fábula por tratarse del desplazamiento de la primera dama del Imperio a los humildes a lejanos lugares donde nació, vivió, sufrió y resucitó el Redentor. Pero aparte de todo lo que de fantástico pueda haber en los relatos, fuentes suficientemente atendibles como Crisóstomo, Ambrosio, Paulino de Nola y Sulpicio Severo refieren que se dedicó a una afanosa búsqueda de la Santa Cruz con resultados negativos entre los cristianos que no saben dar respuesta satisfactoria a sus pesquisas. Sintiéndose frustrada, pasa a indagar entre los judíos hasta encontrar a un tal Judas que le revela el secreto rigurosamente guardado entre una facción de ellos que, para privar a los cristianos de su símbolo, decidieron arrojar a un pozo las tres cruces del Calvario y lo cegaron luego con tierra.

Las excavaciones resultaron con éxito. Aparecieron las tres cruces con gran júbilo de Elena. Sacadas a la luz, sólo resta ahora la grave dificultad de llegar a determinar aquella en la que estuvo clavado Jesús. Relatan que el obispo Demetrio tuvo la idea de organizar una procesión solemne, con toda la veneración que el asunto requería, rezando plegarias y cantando salmodias, para poner sobre las cruces descubiertas el cuerpo de una cristiana moribunda por si Dios quisiera mostrar la Vera Cruz. El milagro se produjo al ser colocada en sus parihuelas sobre la tercera de las cruces la pobre enferma que recuperó milagrosamente la salud.

Tres partes mandó hacer Elena de la Cruz. Una se trasladó a Constantinopla, otra quedó en Jerusalén y la tercera llegó a Roma donde se conserva y venera en la iglesia de la Santa Cruz de Jerusalén.

No han faltado autores que atribuyan a la fábula el hecho de la invención por Elena basándose principalmente en que no hay noticia expresa de tamaño acontecimiento hasta un siglo después. Ciertamente es así, pero lo resuelven otros estudiosos afirmando que la fuente histórica que relata los acontecimientos es el historiador contemporáneo Eusebio de Cesarea al que en su Vita Constantini sólo le interesan los acontecimientos realizados por Constantino, bien porque sigue los cánones de la historia contemporánea, o quizá porque sólo le interesa adular a su anfitrión.

Murió Elena sin que sepamos el sitio ni la fecha. Su hijo Constantino dispuso trasladar sus restos con gran solemnidad a la Ciudad Eterna y parte de ellos se conservan en la iglesia Ara Coeli, dedicada a Santa Elena, la mujer que dejó testimonio tangible y visible en unos maderos del paso salvador por la tierra de Jesús, el Hijo de Dios encarnado.

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