La Parroquia San Pio X fue bendecida por el arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Fermín Laffitte, el 28 de septiembre de 1958. Su historia comienza mucho antes. Las gestiones las llevó a cabo la Hermandad de los Operarios Diocesanos. Ellos llegaron a la Argentina en 1932. Recién en la década de 1950 que obtuvieron una capilla en el barrio de Mataderos. Mas tarde adquirieron el terreno donde se erige hoy el templo. Al principio, y por una cuestión de tiempos, el mismo era una casa prefabricada de chapa.

El proyecto original era muy ambicioso para las arcas de la Congregación. Ya que incluía el templo, la casa parroquial y un colegio. Se empezó por el instituto educativo. Luego la cripta que es hoy el templo parroquial. También los pisos superiores que comprendían el salón de actos y la vivienda de los sacerdotes.

El 20 de junio de 1962, en homenaje a las Bodas de Plata sacerdotales de Eugenio Fuertes, primer párroco, la superiora provincial de las Hermanas del Buen Pastor, Sor María Auxiliadora y sus religiosas, se desprenden con todo gusto y a favor de la parroquia de una reliquia. Una sotana que perteneció a San Pío X y que conservaba la congregación desde mucho años atrás con veneración.

La reliquia está expuesta en una vitrina en el templo de la parroquia. También se expone un cuadro pintado al óleo que fuera la primera imagen del santo desde el comienzo de la parroquia. Este último se encuentra en la Sacristia.

El templo

Para ingresar al templo se deben descender por unas escaleras. Al ingresar nos recibe una particular imagen del Sagrado Corazón que tiene una hostia en su mano. La planta es rectangular con iluminación artificial. El altar se encuentra en el presbiterio, en el centro de la cripta y recostado sobre su muro izquierdo. En otra época estuvo en el fondo del recinto, donde hoy se halla el cuadro de la Última Cena. El mural lo pinto el padre Javier Goñi.

Al lado del altar está la talla del escultor italiano Ottone Zadra, donde el santo Papa está representado de cuerpo entero.

San Pío X, Papa

Nacido en un modesto hogar de Riese, Treviso, Italia, en 1835, una vez ordenado sacerdote recorrió todos los grados de la jerarquía eclesiástica: vicario, párroco, canónigo, obispo, cardenal, patriarca y papa. Su lema era: “Restaurar todo en Cristo”. Limpió las iglesias de música e instrumentos profanos; impulsó los grupos de niños cantores y las escolanías; instauró la primera comunión a los 7 años de edad. R

Reunió a los sabios para codificar las leyes de la Iglesia; desenmascaró los errores del modernismo, que se infiltraban en la Iglesia so capa de renovación y desacralización; promovió el arte sagrado para educar el gusto del pueblo cristiano; propuso restituir de los museos a las iglesias las obras de arte religioso para devolverles la dignidad y funcionalidad. Se destacó sobre todo por su humildad y bondad. Murió en Roma el 21 de agosto de 1914. Pío XII lo proclamó santo en 1954.

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