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Parroquia San Fermín

En las tierras que hoy pertenecen al barrio porteño de Villa Ortúzar, Bernardino Rivadavia fundó el pueblo de Chorroarín, destinado en su origen a colonos alemanes. Tanto este núcleo, como la posterior llegada en 1833 de inmigrantes de las Islas Canarias, no conformaron asentamiento estable alguno. Recién en 1862 Santos Muguerza vendió a Santiago de Ortúzar 26 manzanas, entre las actuales Av. Triunvirato, Tronador, Alvarez Thomas y Elcano, iniciándose así, en 1874, el loteo de la actual Villa. Cuatro años después el Ferrocarril Urquiza, al extender su línea, crea la Estación General Artigas, en torno a la cual se generó un incipiente pueblo. Una característica actual del barrio es que posee dos sectores bien diferenciados: una elegante zona residencial y otra eminentemente fabril, separadas apenas por unas cuadras. En este último sector, de casas bajas y humildes, levantadas junto a depósitos y talleres de reparación de automóviles y otros servicios, se instaló la Parroquia de San Fermín.

Su construcción se inició en 1960 en una casa que inmigrantes italianos, la familia del presbítero Fortunato Tedesco, quienes la donaron a la Arquidiócesis de Buenos Aires. Allí se comenzó construir el nuevo edificio con dinero aportado, en su testamento, por el Arzobispo Fermín Lafitte, en cuya memoria se creó el Patronato y en templo bajo la advocacion del santo que recuerda su nombre. La casa donada tenía frente sobre el pasaje Pedro de Jerez al 400. Progresivamente se fue configurando el edificio de la iglesia: se anexó el terreno del fondo el cual permitió darle frente sobre la calle Estomba 466, y fue en ese solar donde se instaló el templo parroquial lo que ayudó a establecer en forma permanente todas las otras dependencias, aulas de catequesis, salones de servicio, secretaría , casa parroquial. Los restos del Padre Tedesco están sepultados en el lugar.

El templo es pequeño y sencillo por donde se lo mire, esto se ve reflejado en su altar mayor como en la imagineria sobre pedanas que se encuentran en las paredes laterales.

Tiene también otra característica, los 19 de cada mes se venera la imagen de San Expedito en un altar preparado a tal efecto. La imagen fue entronizada en 2004 y fue donada por un feligrés y realizada por la artista plástica Silvana Sica.  Como el santo es patrono de Aci Reale en Italia, la ceremonia realizada en la plaza Malaber, contó con muchos integrantes de la colectividad italiana acompañando el evento. De la plaza la imagen del santo fue llevada en procesión hasta el templo. Ese mismo año se realizó una puesta en valor de edificio con aportes de la Secretaría de Obras Públicas de la Nación, la Corporación Buenos Aires Sur, la Secretaría de Infraestructura y Planeamiento, y el Mercado de Hacienda.

“Me causa gracia la gente que viene por primera vez, con desconfianza, porque cree que es un santo brasilero, una cosa nueva —contó su párroco José Luis Sardella a Clarín en marzo de 2005—, cuando en realidad es armenio y tiene 1700 años”. “En el tiempo en que este joven vivía, ese nombre era tan común como pueden ser hoy Juan o José, pero la lengua va poniendo sentido y significado a las cosas, además de la necesidad que tiene la gente de una resolución rápida a sus problemas”, explicó Sardella. “Hoy todo trámite es tan engorroso, toda situación tan trabada, complicada y burocrática —agregó el párroco—, que la gente acude a aquel que la puede ayudar y quien es religioso, busca en la religión esa perspectiva”. “La simbología de la imagen de San Expedito —explicó el padre Jose Luis— es la de este joven de la legión romana en Armenia, abrazando la cruz y pisando a un cuervo, dejando de lado el casco y el escudo de guerrero que utilizaba para la guerra. En esa elección se ve tentado —simbolizado por el cuervo— en su decisión de conversión. El sonido que hace el cuervo es igual a la palabra en latín que significa ‘mañana’, de ahí que al pisar el mañana se le adjudique la rapidez en su intercesión”

San Fermín, su historia

Cuenta la tradición que el presbítero Honesto llegó a la Pamplona romana, enviado por San Saturnino para evangelizarla, y que el senador Firmo se convirtió al cristianismo con toda su familia. Fermín, su hijo, fue educado por Honesto y, cuando tuvo diecisiete años, comenzó a predicar por los alrededores. Más tarde, a los veinticuatro, fue consagrado obispo por Honorato, que era prelado de Toulouse.

A la edad de treinta y un años, Fermín marchó a predicar el Evangelio a las Galias: en un primer momento, estuvo en Aquitania, Auvernia y Anjou; más tarde, en Amiens, donde consiguió muchas conversiones, sufrió cárcel y, con posterioridad, el martirio por decapitación, un veinticinco de septiembre.

Su cuerpo fue sepultado en secreto por algunos cristianos, apareció siglos después, el trece de enero del año 615, en el episcopado de san Salvio, y fue trasladado a la cercana ciudad: unos magníficos relieves góticos del siglo XV, labrados en el trasaltar de aquella catedral que conserva los restos del santo, narran esta historia.

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