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La Fe Eucarística de San Josemaría se Fortaleció Con Esta Oración

San Josemaría Escrivá recibió su Primera Comunión el 23 de abril de 1912, una fecha que siempre recordaría con afecto. Ese día marcó el inicio de una profunda y perdurable relación con Jesús en la Eucaristía.

Antes de ese significativo día, San Josemaría fue instruido para su Primera Comunión por un sacerdote conocido como Don Manuel Laborda de la Virgen del Carmen. Este le enseñó al joven Josemaría una corta oración para preparar su alma.

Dicha oración no fue creada por el Padre Manuel, sino que proviene de un catecismo del siglo XIX.

La «comunión espiritual» de puño y letra de san Josemaría: «Deseo que mi Señor os reciba, con la pureza, la humildad y la devoción con que vuestra Santísima Madre os recibió, con el espíritu y el fervor de los santos».

De acuerdo con el P. Jesús Sancho, en un artículo de OpusDei.org, la oración proviene de un catecismo del P. Cayetano de San Juan Bautista, sacerdote de los Colegios Escolapios. Publicado en Pamplona en 1800, el texto tiene 357 páginas. Al leerlo gradualmente, me sorprendió encontrar la mencionada oración en la página 308, donde el autor intenta intensificar el anhelo del lector por recibir a nuestro Señor en la Sagrada Comunión.

San Josemaría seguiría recitando esta oración durante toda su vida, hallando en ella serenidad y reforzando su devoción por la Eucaristía.

San Josemaría Escrivá de Balaguer en Argentina

El 7 de junio de 1974, Mons. Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, arribó a Argentina con el propósito de llevar a cabo un intenso apostolado catequético. Durante su visita, sostuvo numerosos encuentros con miembros del Opus Dei, así como con familiares y amigos. En dichas reuniones, abordó temas fundamentales que conmueven al mundo: Dios y los hombres, la vida y la muerte, el dolor y la felicidad, el amor y la lucha contra el pecado.

El encuentro culminante en Argentina tuvo lugar el 26 de junio de 1974 en el Teatro Coliseo. En esa oportunidad, uno de los asuntos que el Padre trató con profundidad fue la comunión de los santos. Afirmó que gracias a ella se podía sostener esa cordial conversación. Hermanos y hermanas suyos estaban rezando en todo el mundo…

«Constituimos una vasta comunión de santos. Nos envían flujos de sangre arterial; sangre cargada de oxígeno puro y limpio. Por eso podemos dialogar de esta manera; por eso nos sentimos tan serenos.»