Parroquia Nuestra Señora del Consuelo

Nuestra Señora del Consuelo comenzó siendo una capilla bendecida el 13 de mayo de 1926 por monseñor Fortunato Devoto.La misma recibió el nombre de Nuestra Señora del Consuelo de los Afligidos. Estaba a cargo de la orden Claretiana. En San Blas y Donato Álvarez había una quinta denominada Anselmo. Su dueño, el canónigo Francisco Arreche, testó a su albacea, Monseñor Juan Perasso el donde se edificó la capilla. El dinero para su construcción, también pertenecían a Arreche

Con el tiempo, la zona se pobló de italianos provenientes de Turín y llamaron a la capilla Consolata. Poco después monseñor José María Botaro confirma la parroquia con el nombre de Nuestra Señora de la Consolata.

En diciembre de 1927 se bendijo la primera piedra del futuro templo. En 1929 también se comenzó a construir la cripta, según planos realizados por el arquitecto Flandoli y un año más tarde se inauguró la misma.

Las obras del nuevo templo comenzaron en noviembre de 1940 y en el año 1945 se bendijo el bautisterio del nuevo templo parroquial. Se terminó en el año 1962. Los claretianos estuvieron a cargo de la parroquia hasta el año 2001 en que asumieron dicha responsabilidad los Misioneros de la Consolata.

Desde el año 2011 depende de la Arquidiócesis de Buenos Aires y pasó a llamarse Nuestra Señora del Consuelo.

Posee un órgano Laukhuff, 1960 Este instrumento fue montado a partir de varios órganos desarmados. Parte de su fachada perteneció al órgano Mutin Cavaillé-Coll de la Basílica de San Francisco (quemado en el año 1955 durante ataques a los templos de Buenos Aires). En la consola hay espacio adicional para ubicar más pisas y pedales.

La devoción

La devoción a Nuestra Señora de la Consolata nació en Turín (Italia) en los primeros siglos del cristianismo. Cuenta la tradición que a San Eusebio se lo  desterró a Palestina, en el 354. Al regresar, le trajo a su amigo San Máximo, una imagen de la Virgen María que -según se decía- había pintado San Lucas. Máximo colocó el cuadro en una capilla, al lado de una iglesia dedicada a San Andrés, y así, el pueblo de Turín comenzó a venerar a la Virgen María bajo el título de Consoladora que, en la expresión popular devino en Consolata.

Los obispos de Turín confiaron la imagen de la Consolata a los Padres Benedictinos en el año 840, dos acontecimientos contribuyeron a su desaparición. Primero, hubo que esconderla, debido a la persecución y destrucción de imágenes por parte de los iconoclastas. Una guerra, que destruyó el templo de San Andrés y la capilla donde estaba, sepultándola bajo los escombros y en el olvido.

Pero permaneció viva en la memoria de sus fieles. Y muchos años más tarde, Arduino, por un tiempo rey de Italia, erigió una capilla para la Virgen Consolota, en agradecimiento a una curación milagrosa y respondiendo al pedido que la misma Señora le había expresado en una visión. Pero también esta capilla fue destruida y la imagen desapareció por segunda vez.

A %d blogueros les gusta esto: