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Parroquia Nuestra Señora del Consuelo

El 13 de mayo de 1926 monseñor Fortunato Devoto bendijo una capilla bajo la advocación de Nuestra Señora del Consuelo.La misma recibió el nombre de Nuestra Señora del Consuelo de los Afligidos. Estaba a cargo de la orden Claretiana

Con el tiempo, la zona se pobló de italianos provenientes de Turín y llamaron a la capilla Consolata.

En diciembre de 1927 se bendijo la primera piedra del futuro templo. Poco después monseñor José María Botaro confirma la parroquia con el nombre de Nuestra Señora de la Consolata. En 1929 también se comenzó a construir la cripta, según planos realizados por el arquitecto Aldo Antonio Flandoli y un año más tarde se inauguró la misma.  La parroquia por treinta años funcionó en un espacio de 23 por 16 metros

Las obras del nuevo templo comenzaron en noviembre de 1940 y en el año 1945 se bendijo el bautisterio del nuevo templo parroquial. Se terminó en el año 1962. Los claretianos estuvieron a cargo de la parroquia hasta el año 2001 en que asumieron dicha responsabilidad los Misioneros de la Consolata.

Los claretianos estuvieron a cargo de la parroquia hasta el año 2001 en que asumieron dicha responsabilidad los Misioneros de la Consolata y desde el año 2011 pasó a depender de la Arquidiócesis de Buenos Aires y pasa a llamarse Nuestra Señora del Consuelo.

Forma junto al colegio Claret un complejo edilicio representativo del Barrio de Villa General Mitre. El colegio comenzó a desarrollar la obra educadora y apostólica a partir de 1950, en el barrio de Villa General Mitre. Es uno más de los Colegios Claretianos presentes en cuatro continentes a partir de las orientaciones educativas de San Antonio María Claret (1807- 1870). La Iglesia, posee elementos neogóticos como los rosetones, pináculos pero reinterpretados e insertos en una fachada de líneas rectas, muro liso y marcada verticalidad y carente casi en su totalidad de elementos ornamentales y esculturales.

Posee un órgano Laukhuff, 1960 Este instrumento fue montado a partir de varios órganos desarmados. Parte de su fachada perteneció al órgano Mutin Cavaillé-Coll de la Basílica de San Francisco (quemado en el año 1955 durante ataques a los templos de Buenos Aires). En la consola hay espacio adicional para ubicar más pisas y pedales.

Descripción del Templo

Viendo el frontis queda claro que le falta algo. Lo que falto en realidad fue dinero para concluir la torre campanario de 50 metros que tenía el diseño original. El ingreso se hace a traves de una escalera la cual explica la existencia de la cripta que fue asiento de la parroquia hasta 1962, ahora no tiene fines religiosos. La puerta central está flanqueado por columnas de cada lado, es de madera maciza, de dos hojas, conteniendo cada una de ellas ocho paneles cuadrados. En su tímpano ya no existe más la inscripción “Parroquia Nuestra Señora de la Consolata” con la que el templo se presentaba antes.

Una vez que la hemos traspasado nos hallamos en un corredor anterior al nártex, observándose en sus extremos dos puertas de madera, de las cuales una ostenta en sus hojas sendos vitrales de contenido religioso, mientras que la otra carece de ellos. En la parte media de la pared que separa el corredor con el templo existen otras dos puertas vidriadas que dan directamente a las naves laterales, las que permanecen cerradas. Enfrente, también sin habilitar, está la parte interna de los pórticos laterales cuyo exterior hemos descripto. Como acotación final señalamos que en este recinto se muestran diez columnas ornamentales de cada lado.

Nártex

El pequeño nártex está revestido íntegramente en madera; posee una puerta central de dos hojas ornadas con vitrales que contienen representaciones de San Antonio María Claret y la Basílica del Corazón de María de Roma, en uno de sus paneles, mientras que en el otro están simbolizados Nuestra Señora de la Consolata y el Santuario que la honra en Torino, Italia. Esta última pieza tiene una dedicatoria: “A la memoria de Enrique Laborde. Su esposa María Elena”.

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A los costados del nartex, dos puertas similares dan paso a cada una de las naves laterales. Carecen de imágenes, excepto la diestra, que muestra un cáliz espejado en el centro de uno de sus paneles

en el interior, la impresión inicial que produce el templo es de monumentalidad –conforme se ha citado- sobre todo por la altura de la bóveda de cañón corrido que lo cubre. Y el coro, en horario diurno, acrecienta el impacto al dejar pasar de manera multicolor los rayos solares que atraviesan el gran rosetón central y los vitraux subyacentes.

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Todo el conjunto se inscribe dentro de las características generales del neorrománico. La planta basilical se distribuye en tres naves de generosas dimensiones, estando la central separada de las laterales por seis arcadas adinteladas. Éstas dan origen a iguales tramos en dichas naves laterales, separados claramente entre sí tanto por los pilares como por las visibles divisiones que se observan en sus techos casetonados.

Los gruesos pilares cuadrados que sustentan tales arcadas son lisos en sus frentes hacia la nave central y rodeados por tres columnas menores adosadas a ellos en los restantes frentes. Se prolongan hacia el techo de cañón corrido sirviendo en su recorrido final como arcos fajones que lo subdividen en seis tramos, sin contar los correspondientes al coro y al ábside, de mayor amplitud.

Habíamos señalado que los tres rosetones dan al frente del templo un toque neogótico. El central se fracciona en doce hojas lanceoladas cuyas imágenes semejan rayos conducentes al núcleo del vitral donde se halla el escudo de la orden claretiana que rigió la parroquia durante tantos años. Esta ilusión óptica se prolonga en el dibujo de cinco de las siete ventanas largas y angostas que se hallan debajo, contribuyendo a darle al templo una notable luminosidad interior. Por su parte, las dos laterales nos muestran ocho hojas de igual aspecto, pero sin imágenes.

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Nave izquierda. Al comenzar nuestro recorrido por esta nave, pasada la VII estación del Vía Crucis, en este tramo inicial enfrentamos un emotivo conjunto integrado por una imagen de Jesús Crucificado, a quien rodean las efigies de Nuestra Señora de los Dolores y de San Juan, apóstol y evangelista. Las esculturas imponen recogimiento por su realismo, reproduciéndose en el muro las palabras de Jesús en la cruz dirigidas a sus abrumados acompañantes.

Le sigue en el segundo tramo uno de los dos confesionarios tradicionales de madera que existen en el templo –el otro se encuentra simétricamente ubicado en la nave opuesta- tallado con paños en su frente y costados y rodeado por dos estaciones del Vía Crucis (V y VI).

En el trecho siguiente sólo se observan las estaciones III y IV del Vía Crucis.

Al arribar al cuarto sector del recorrido nos impacta una de las valiosas esculturas que legó a la parroquia Leo Moroder, de quien luego volveremos a referirnos. Nuestra Señora, sedente en artístico trono dorado sostiene al Niño en sus brazos. Comparten el espacio las estaciones I y II del Vía Crucis.

Arribados ahora al sexto y último tramo, tenemos delante la capilla paralela al presbiterio donde se encuentra la imagen central del Sagrado Corazón de Jesús, flanqueada por las de San José y la Virgen María, ambas junto al Niño Jesús.

Ahora, mirando hacia la izquierda, se abre una arcada que –previo paso por un corredor estrecho- permite el acceso a un pequeño recinto, el cual, como pequeño museo, contiene varias estatuas de diversos tamaños. Entre ellas se encuentran las de Santa Rita, Nuestra Señora de Caacupé, Nuestro Señor Yacente, San Cayetano, San Roque, Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, San Blas, Nuestra Señora de Luján, Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, Nuestra Señora que Desata los Nudos, San Expedito, San Antonio de Padua, Jesús Misericordioso, Nuestra Señora de Itatí, Santa Rosa de Lima y Nuestra Señora del Rosario.

Hay también allí un estandarte y dos vitrales. Uno de estos últimos exterioriza en su centro tres representaciones ajustadas a los términos que le siguen: “Caritas – Spes – Fides”, y, a ambos costados, “Ave Maria Gratia plena” y “Sancta Maria ora pro nobis”; en su parte inferior consta el propósito de la donación: “A la memoria de Ambrosio Marré. Su esposa e hijos”. El vitral siguiente –en sitio elevado y circular- evoca a la Virgen, cuyo corazón es atravesado por una espada, junto al Niño en brazos y una tierna jaculatoria circundando la escena “Dulce corazón de María sed la salvación mía”.

Presbiterio. Al continuar nuestro trayecto en el templo arribamos al presbiterio. Un mural cuyo marco es de vistoso mármol negro y marrón contiene en su centro una cruz, la cual irradia rayos dorados que dominan el sector. Tanto el piso del sector como sus escalinatas de acceso son de mármol marrón, cuya procedencia se señalará después. El ámbito se nos presenta como delimitado por dos grupos de pequeños bancos angostos de mármol verde (ónix probablemente), dándonos visualmente la sensación de estar contemplando uno de los antiguos comulgatorios de nuestros templos preconciliares. En el costado derecho se halla la pila bautismal y en el izquierdo el ambón, de madera. Flanquean el presbiterio dos arcadas, simétricamente ubicadas.

Camarin. Un gran arco que marca el final de la nave central y el comienzo del ábside señala el espacio del elevado camarín. A él se accede mediante escalinatas que nacen en los estrechos corredores -ya aludidos- que se encuentran al final de cada nave lateral. La Virgen está en una gran hornacina a cuyos costados hay dos vistosos estandartes.

En conjunto, el recinto se encuentra rodeado por ocho pilares con dos columnas adosadas a cada uno de ellos, siguiendo el modelo observable en casi todo el templo.

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Vitrales. Elevando la vista a la parte superior del ábside, nuestra mirada se detiene ahora en la figura central de Nuestra Señora de la Consolata, de destacada factura. Otros seis vitrales la flanquean –tres en cada lado- cuya originalidad reside en representar cada uno de ellos un sacramento, sin llegar a completarlos.

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Al contemplar seguidamente la galería superior de cada nave, sobre cada uno de sus arcos formeros de medio punto (diferentes en esto a los de la planta inferior) registramos grupos de tres angostas ventanas –la central más larga- todas ellas carentes de imágenes. Tampoco la tienen las aberturas exteriores de las citadas galerías, dos en cada uno de sus tramos.

Todo lo cual da como resultado que los únicos vitrales con efigies existentes dentro del estricto ámbito del templo son los del ábside, que, sumados al rosetón del frente y las cinco ventanas alargadas que lo subyacen, producen en conjunto durante las horas de luz diurna una magnífica visión de lo que representan.

Nave lateral derecha. Retomamos nuestro itinerario transitando ahora por la nave opuesta a la ya descripta. Aparece ante nosotros en primer lugar la Capilla del Sagrario con su altar de mármol, en cuya vistosa combinación de colores predominan el blanco y el verde. La parte baja del ara registra nítidamente el símbolo del Ave María.

Nos detenemos ahora para ingresar en un pequeño recinto, similar al que en la otra nave reúne las imágenes que hemos relevado. Atravesamos antes un estrecho pasillo que conduce -como su similar enfrente- a la escalinata del Camarín.

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En dicho recinto se exhibe la espléndida talla de Moroder representando a San León el Magno, Papa entre los años 440 y 461 y que es venerado en San Leo Freatico, Provincia de Rímini, Italia. Recordamos al pasar que a este Papa la tradición le atribuye haber frenado a Atila en su marcha hacia Roma en 452, logrando la retirada de su ejército (3).

Proseguimos el recorrido con el siguiente tramo de la nave derecha en el sentido de las agujas del reloj, tal como hemos empezado. Nos hallamos entonces frente a la imagen de la Inmaculada Concepción, sobre una peana (“la Virgen asunta al cielo”, aclara abajo una inscripción).

La arcada que sigue sólo ostenta las estaciones XIII y XIV del Vía Crucis.

En el tramo posterior –cuarto, computando la capilla del Sagrario- entramos en “el sector peruano”. Lo llena una espléndida efigie de la “Inmaculada Virgen de la Puerta”, explicándosenos que se trata “de una réplica de hace treinta años, muy venerada en el norte de Perú (Otuzco, Trujillo), coronada el 27 de octubre de 1943 como reina de la paz universal y patrona del norte del Perú. Se encuentra en la parte superior de la puerta principal del santuario de Otuzco, recibida en la iglesia de las tres Señoras del Consuelo por el P. Hernán Tumulty el 25 de junio de 2015”.

La placa que explicita lo antedicho concluye presentando al donante: “recuerdo familia Arroyo Matos”. La imagen de la Virgen se encuentra revestida de una capa color rojo intenso bordada con adornos de diversos colores, cubierta con una mantilla blanca y ostentando sobre su cabeza una elegante corona dorada; tiene sus manos en actitud de oración con un rosario entre ellas (4).

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Imágen original venerada en Otuzco
A la izquierda de la talla, se completa el sector con una representación del Señor de los Milagros que se venera en la iglesia de las Madres Nazarenas de Lima y cuya festividad es la mayor celebración religiosa en el Perú. A los costados, las estaciones XI y XII.

En el quinto tramo hay un confesionario igual al que se halla en la nave opuesta, acompañado por las estaciones IX y X del Vía Crucis.

En el postrer sector, una peana aloja la estatua de San Antonio María Claret, fundador de la orden que rigió la parroquia desde su creación hasta 2001.

Llegados al final de la nave, una puerta con vitrales sin imágenes comunica con el corredor de ingreso al templo que ya hemos descripto: dicha puerta se corresponde, al igual que en la otra nave, con la de entrada lateral que da al frente del templo. A su lado se observa una placa recordatoria de los feligreses en el cincuentenario de la parroquia (1929-1979), junto a la VIII estación del Vía Crucis.

Destacamos que debajo de cada una de las estaciones enumeradas en nuestro trayecto pequeñas láminas en colores efectúan su representación visual.

Galerías superiores. Las caracterizan seis visibles arcos de medio punto que dan origen a igual número de tramos desde el comienzo de la nave central hasta el presbiterio, coincidiendo en esto con los de la planta inferior. Uno último se halla vecino al camarín de la Virgen. Por encima de dichos arcos se observan grupos de otros ocho pequeños ciegos, y, culminando el conjunto, tres ventanas sin imágenes siendo la central más larga. Las galerías tienen barandas de metal que reemplazan a las tradicionales balaustradas en su visión de la nave central. En cada tramo dos vitrales carentes de imágenes permiten el ingreso de la luz natural desde el exterior del templo, según dijimos al referirnos en general a este tema. Sus techos semejan bóvedas de arista, a diferencia de los casetonados que cubren el piso inferior.

En la parte final de ambas galerías se observan pequeñas columnatas que dan acceso a una especie de “mini transepto” que concluye en vitrales hacia el exterior.

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El piso. Su aspecto en conjunto es muy destacado. Una página barrial resalta la calidad de los mármoles y granitos del templo, “principalmente … el zócalo general de la iglesia de lunel andino y el riquísimo piso del presbiterio de granito Sierra Chica de Tandil; (así como) la disposición y colorido del mosaico granítico del piso general de la iglesia…” (5). Su distribución en distintas figuras geométricas y variedad de colores los convierte en muy agradables a la vista y provocan un silencioso encanto.

Iluminación: Cada una de las columnas que dan hacia la nave central tiene adosadas luminarias modernas de metal dorado –con los conocidos símbolos JHS y AM en su parte inferior- y acrílico, amén de los reflectores situados arriba de ellas con el objeto de reforzarlas y destacar la iglesia en su conjunto.

Coro – órgano: El coro ocupa un amplio espacio al que da inicio un gran arco elevado, aunque éste sea inferior en tamaño a su similar del ábside. Desde allí se disfruta de una vista incomparable, tanto por la inmediatez de los vitraux que lo limitan en el frente del templo como por la observación de éste en toda su amplitud hasta el testero.

Ubicado en el coro, el importante órgano está integrado por partes de otros que había sido desarmados. Fue montado por el Padre Cervi hacia 1960. Un sector de su fachada pertenecía al Cavaillé-Coll Mutin de la Basílica de San Francisco de Buenos Aires, incendiado en 1955; también se usó, probablemente, material de la Casa August Laukhuff, de Weikersheim, Alemania. Su sistema de transmisión es electro-neumático. Los tubos que lo integran son visibles desde las naves, tanto en las paredes interiores del coro como en sendas hornacinas exteriores ubicadas en sus costados; cada una de ellas exhibe siete tubos alineados en tamaño decreciente.

Concluido el recorrido por Nuestra Señora del Consuelo, llevamos en la retina el recuerdo del espléndido y artístico templo, levantado metro a metro merced al sacrificio de muchos sacerdotes y fieles desde su génesis en aquellos lejanos tiempos de la primera capilla. Tarea indelegable de las futuras generaciones será conservar su señorial presencia; así lo exigen la mayor gloria de Dios y la admiración que provoca en sus curiosos y espirituales visitantes.

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