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Parroquia de la Santísima Trinidad

La parroquia fue proyectada como Iglesia de edificación elevada con torre y pináculo, pero sólo se realizó la cripta, o sea la parte inferior. Para la iluminación, ventilación y adorno se instalaron vitrales en las puertas y accesos. El tempo consta de una entrada principal y dos laterales, las últimas llevan a las galerías donde se encuentran los vitrales. La Puerta Principal consta de dos hojas con figuras de Ángeles con leyendas:
San Miguel: Quien como Dios expulsó a los ángeles convertidos en demonio protector de la Iglesia. Y San Rafael: Medicina de Dios patrono del Turismo y de los médicos.

Transcurría el año 1915, cuando un venerable religioso de la Orden Trinitaria, El Padre Lorenzo de la Concepción, Provincial de los Trinitarios, se aprestaba a viajar desde España, para realizar la visita canónica a las casas Trinitarias en Sur América que estaban bajo su jurisdicción. Pero otro pensamiento preocupaba Lorenzo: realizar una nueva fundación en la Ciudad de La Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires, (re fundada el 11 de junio de 1580 por Juan de Garay con este nombre). En octubre de este mismo año, llegó el religioso a Buenos Aires, donde presentó las cartas de solicitud para la admisión de los Trinitarios en esta ciudad.
En marzo de 1916, encontró el decreto de la admisión de la Comunidad Trinitaria en la Arquidiócesis de la Santísima Trinidad de Buenos Aires, expedido por el Arzobispo, Mariano Antonio Espinosa, con fecha 25 de enero del mismo año. El decreto de admisión decía que la comunidad se instalara en uno de los nuevos barrios de la Capital, falto de servicio religioso, fue así como se eligió Nuñez. La la primera residencia provisoria fue una casa ubicada en Cubas y Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde). Con el paso del tiempo y el aumento de la concurrencia de los fieles a la Parroquia, el lugar quedó pequeño con lo que se decidió la construcción de un templo. Se compró, entonces, una casa de mayores dimensiones en Núñez 3543, donde se adecuó un salon para que oficiara de capilla. Esto se inauguró el 14 de diciembre de 1919.
En 1924, se adquirió un terreno en la avenida Cabildo, donde hoy se encuentra la Parroquia. En enero del año 1925, se lanza la revista parroquial “El Templo Votivo del la Santísima Trinidad”, que serviría como medio de difusión para recaudar fondos y llevar a cabo la obra proyectada. El 5 de abril de ese año se colocó la primera piedra del nuevo Templo, bendecida por Fortunato Devoto. Actuó como madrina la señora Dámasa Zelaya de Saavedra (esposa de Luis María Saavedra, sobrino del jefe de la Revolución de Mayo). A los pocos días empezaron los trabajos y siguieron con bastante actividad hasta el mes de agosto en que, por falta de recursos, hubo que suspenderlos. Durante los siguientes años las obras siguieron, lentamente. A fines de 1927, la madrina del templo dio un nuevo impulso a las obras, y el 8 de diciembre de 1928, se celebró la Misa de Primera Comunión de 200 chicos. Se continuaron después los trabajos de revoque y ornamentación, la colocación de los mosaicos, se concluyó en Semana Santa de 1929. La inauguración oficial de la Cripta se llevó a cabo el 25 de mayo del mismo año, que es donde se oficia la misa.
El Altar Mayor posee un cuadro de la Santísima Trinidad y está flanqueado por ornamentaciones de los fundadores trinitarios: San Juan de Mata un religioso que dando su primera misa tuvo la visión que Dios le enviara para rescatar a los esclavos y San Félix de Valois un ermitaño consagrado, quien ayuda a fundar la Orden trinitaria junto con de Mata. Está realizado en mármol con piedras de ónix e incrustaciones de bronce y en el pie encontramos imágenes de ángeles labradas y el escudo de la Orden Trinitaria, también labrado, se encuentra rodeado de cinco cuerpos de sillería de caoba.
En Octubre la feligresía realiza una procesión en honor a la virgen del Buen Remedio, patrona de la Orden Trinitaria. Según cierta tradición, el tercer general de la Orden, Fray Guillermo el Escocés, fue el primero en inculcar el culto mariano bajo esta advocación. En el lenguaje medieval, los verbos «redimere» y «remediare» y los sustantivos «redime» y «remede», tenían un significado similar: redimir, rescatar; rescate, remedio (en su alcance de salvación, liberación). Esto explica que, en los escritos de los siglos XVI a XVIII, se le de a la patrona los tres títulos: «del Remedio», «del Rescate», «de la Redención».

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