Catedral San Marón

El 5 de julio de 1901 llegaron a la Argentina los primeros misioneros libaneses maronitas. Ellos fundaron la primera Misión Libanesa Maronita en la diáspora. En esos tiempos celebraban misa en diferentes templos de la ciudad. En 1902 alquilan un local y fundan el primer colegio para servir a su comunidad. Por gestión de damas de la caridad y el Arzobispo Espinosa en 1905 se adquiere el predio donde hoy esta el templo. Se construye el Instituto San Marón y una capilla para los oficios.

En 1968 el colegio abre su Nivel Secundario. Los maronitas son, aproximadamente, unos 700.000 en la Argentina y son todos católicos. Su liturgia se remonta a los primeros siglos del Cristianismo. Conserva el mismo idioma que hablaban Cristo y los Apóstoles, el arameo.

La Iglesia fue realizada de acuerdo al estilo arquitectónico de los edificios religiosos libaneses. A semejanza del Convento de San Antonio sito en el Valle Santo de Kadisha, en el norte del Líbano. Para construirlo se trasladaron alrededor de quinientas veinte toneladas de piedras por barco. Llegaron en barco desde las montañas libanesas. Cada una de las provincias del Líbano, con su piedra características, está representada en la construcción. Esto explica la diversidad de colores y de tonos.

El templo data de 2001. El seguimiento del proyecto estuvo a cargo de los arquitectos Adrián Giordano, Rubén Regueiro y Marisa Scatolaro. Giordano y Regueiro visitaron los templos tradicionales del Líbano. Así se familiarizaron con la arquitectura típica de la región. También consultaron a artesanos talladores y constructores expertos en edificios de piedra. El trabajo de tallado y encaje de las piedras en Argentina fue realizado por 7 artesanos libaneses del grupo del Nohra Sfeir. La administración de la obra fue realizada directamente por los Padres de la Misión Libanesa Maronita.

Una escalera curva marca el acceso al atrio y a la entrada de la iglesia ubicada en un primer piso. La fachada totalmente revestida en piedra está dividida en 3 elementos singulares. El pórtico, posé un arco de herradura apuntada y enmarca el portón de acceso de metal pintado con terminación bronce. Está compuesto por una puerta de doble hoja y dos puertas laterales. Estas están decoradas con un labrado en metal reproduciendo repetidas veces la Cruz Maronita. Sobre ellas, en el tímpano, un rosetón de vidrio transparente.

La pared define un almohadillado con líneas de colores alternados. El segundo elemento, es una galería decorativa con siete ventanas de arcos peraltados. Y por último enmarcada por un circulo, la Cruz Maronita en un rojo característico. Rematando el frente, en el extremo izquierdo, el campanario, que culmina con una cruz de bronce. Dicho espacio posé una campana de igual material fabricada en Argentina. La que se adecuó para ser tocada a la usanza libanesa. Emitiendo los sonidos típicos de las campanas que resuenan en los templos del Líbano.

El interior de la iglesia es de planta longitudinal y tiene una sola nave. A un lado de la entrada un Confesionario y en el otro extremo la Pila Bautismal. El piso es de mármol dolomita en colores terracota, jade y dorado, extraído de canteras argentinas.

Las paredes están compuestas por tres arcos ojivales. Cada arco tiene dos ventanas unidas por un parteluz en forma de columna con fuste fajado. Las ventanas son metálicas acondicionadas para luego colocar vitrales. Un pequeño rosetón vidriado ilumina el extremo superior del arco. Los muros y la bóveda de crucería de estilo gótico son de piedra originaria del Líbano, al igual que toda la iglesia.

El altar mayor esta elevado y presenta escalinatas de acceso. En cada uno de sus extremos, un ambón construido en madera libanesa según la tradición maronita. Están ubicados estratégicamente para la cercanía con los fieles. En el lateral izquierdo del altar se alza una hornacina que contiene el Sagrario y en el lado opuesto otra hornacina con la imagen de San Marón.

Cuatro archivoltas enmarcan la bóveda del altar, la que culmina en una linterna natural que resalta un vitral sobre el Espíritu Santo realizado en tonos degradé con los colores del cielo. El retablo abovedado posee una Cruz Maronita tradicional realizada en madera de cedro libanés y cubierta de un vitral en tonos degradé que van desde el amarillo en el centro hasta el rojo en el extremo, representando el pan y el vino, elementos esenciales de la Eucaristía. En cada extremo de la cruz, sobre el vitral, hay una leyenda escrita en lengua aramea “Padre, Hijo y Espíritu Santo” , en igual posición que se menciona al momento de hacer la Señal de la Cruz.
Los vitrales antes mencionados fueron realizados en el Líbano según las técnicas más modernas.

El altar fue construido en cinco tipos de piedras de las distintas canteras libanesas. Las piedras armonizan con el resto de la construcción y exhiben las diferentes tonalidades utilizadas en toda la iglesia. Se accede a la Sacristía por una galería descubierta que se encuentra al costado de la iglesia. Esta sala se comunica al altar a través de dos puertas de cedro argentino que dan al retablo.

Los maronitas

Los maronitas, que deben su nombre a San Marón, un monje del siglo IV que defendió con vigor la fe católica de los Concilios Ecuménicos contra las herejías de su tiempo, son originarios de la antigua Fenicia.

Ante la conquista árabe se refugiaron en las montañas del Líbano donde formaron una Iglesia bajo el liderazgo de San Juan Marón, reconocido por el Papa como Patriarca de la Iglesia de Antioquía. Con él comienza una lista ininterrumpida de Patriarcas fieles a Roma y que llevan, junto a su nombre propio, el de Pedro (Boutros), primer Obispo de Antioquía. Los maronitas lucharon, en el Líbano, contra poderosos enemigos para poder confesar libremente su fe católica. En la tierra libanesa cultivaron una devoción muy especial a la Santísima Virgen que invocan como “Cedro del Líbano”.

En su lucha continua contra el terror y la opresión conservaron su fidelidad a los Papas de Roma y defendieron con valentía al Líbano, cuya historia se identifica con la de ellos. Forzados por la opresión otomana, los maronitas buscaron el camino de la emigración y llegaron a la Argentina hace más de un siglo. Aquí encontraron un terreno propicio para desarrollar sus actividades y se identificaron rápidamente con la sociedad argentina a la cual sirven con amor y dedicación