Las imágenes y esculturas que adornan nuestros templos no son meros objetos decorativos. Son testigos silenciosos de la fe de generaciones, medios de evangelización que nos acercan a lo sagrado. Cuidarlas y conservarlas en buen estado es mantener vivo el testimonio de nuestra comunidad porteña.
En las parroquias de Buenos Aires, desde la majestuosa Basílica de San Francisco hasta la humilde capilla de barrio, conviven piezas de inmenso valor espiritual y, en muchos casos, también histórico. Pero, ¿cómo podemos colaborar los fieles en su cuidado sin causar daños involuntarios?
Desde este portal, queremos compartir contigo algunas recomendaciones prácticas para que, desde tu lugar en la comunidad, puedas ayudar a preservar estas imágenes sagradas que nos acompañan en la fe.
1. No uses trapos húmedos
Cuando limpies una imagen, ya sea una escultura o un cuadro, hacelo primero con una brocha de pelo suave, un plumero, o con una franela seca. Si alguna mancha o imperfección persiste, no intentes solucionarlo vos mismo. Acudí a un restaurador o consultá con tu párroco para evitar agravar el daño.
Evitá lijas o aceites. Si son piezas antiguas, tampoco utilices productos comerciales o químicos. Lo que hoy parece una mancha menor, con el tiempo puede convertirse en un deterioro irreversible.
2. Mantené velas y flores a una distancia prudente
Es hermoso ver las velaas encendidas junto a las imágenes que veneramos, y las flores frescas que embellecen el altar. Pero cuidá que estén colocadas con precaución.
Procurá poner las velas en una charola de metal para evitar que se caigan, y flores con poca agua para que la imagen no absorba humedad. Ubicá ambas a una distancia considerable de la pieza. Un pequeño accidente puede causar un daño que después sea muy difícil de reparar.
3. Respetá el mensaje evangélico que la imagen transmite

La piedad popular es una riqueza inmensa de nuestra fe. Pero, como nos recordaba San Juan Pablo II, tiene la necesidad de ser continuamente evangelizada para volverse un acto cada vez más auténtico.
Cuando se confeccionan adornos o vestiduras para las imágenes, es importante hacerlo con pleno conocimiento del mensaje evangélico que la imagen original busca transmitir.
Por ejemplo, las esculturas de mártires que muestran llagas o heridas buscan precisamente eso: transmitir el martirio del santo. Así como las llagas de Cristo crucificado nos hablan de su pasión y su amor. Ocultarlo con prendas puede debilitar la fuerza original del mensaje.
Por otro lado, si una imagen está construida con articulaciones —es decir, que las extremidades se pueden mover— significa que fue diseñada para vestirse. De lo contrario, forzar la pieza puede llevarla a romperse o deteriorarse.
Estas observaciones no significan renunciar a los gestos de piedad que tanto queremos. Son una invitación a vivirlos con discernimiento, en sintonía con la fe y la liturgia.
4. Hacé un registro de las piezas de tu parroquia
Una recomendación muy valiosa es que, junto con tu comunidad, realicen un inventario de todas las imágenes y bienes de la parroquia. Lamentablemente, existen casos de robo en los que, gracias a contar con un registro detallado, las piezas han podido ser recuperadas.
¿Qué información conviene incluir en ese inventario?
- Nombre de la parroquia o capilla, y la arquidiócesis a la que pertenece.
- Ubicación exacta.
- Nombre de la persona que realizó el registro y la fecha.
- Título o nombre de la imagen.
- Tipo de objeto (escultura, pintura, etc.)
- Técnica y materiales que la componen, si se conocen.
- Medidas en centímetros.
- Fotografías de la pieza.
- Características especiales: una marca, una pequeña imperfección, cualquier detalle que la identifique.
Este registro no solo ayuda a proteger el patrimonio, sino que también nos acerca a conocer mejor las piezas que custodian nuestra fe.
Conocer es conservar
En Buenos Aires, si tu comunidad necesita asesoramiento para casos especiales —como piezas con deterioro importante—, podés consultar con tu párroco o con especialistas en arte sacro que trabajan en el ámbito de la arquidiócesis. Conocer el valor espiritual e histórico de lo que tenemos es el primer paso para conservarlo.
Cuidar las imágenes y esculturas de nuestras parroquias es un acto de amor por nuestra fe y por la comunidad que nos precede y nos sucede. Cada pieza guarda la oración de generaciones. Ayudemos a que siga siendo así por muchos años más.

