El templo que resistió el abandono

En 1930 Agustín P. Justo decidió aprobar un proyecto por el que la Municipalidad de Buenos Aires debía estar emplazada en el centro geográfico de la ciudad , es decir Caballito, y para ello se instalaría en el terreno que ocupaba el Colegio de la Santa Unión y su capilla.

Tras muchos años de dilaciones, en 1937 se aprobó la Ley de Expropiación, la cesión de otros terrenos y la indemnización a la Congregación de la Santa Unión de los Sagrados Corazones  y finalmente el 11 de marzo de 1939, Monseñor Anonio Rocca celebró la  última misa. Se desafectó el templo del culto y al día siguiente la Congregación se trasladó a la calle Seguí 921, frente a Plaza Irlanda.

Pasaron años para que esa capilla volviera al culto y se transformara en la Parroquia y Santuario Nuestra Señora de Caacupé.

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La Parroquia con templo prestado

En 1785 los padres Betlehemitas se hicieron cargo de la Iglesia Nuestra Señora de Belén, ubicada en lo que hoy llamamos San Telmo, trasladando a la casa anexa su hospital. Templo que, por otra parte, estaba sin terminar por la expulsión de los jesuitas años antes.

En 1805 el Alto de San Pedro estaba habitado, entre otros, por patrones de lancha y carpinteros de ribera, puesto que paralelo a su costa existía un canal o brazo del Riachuelo, conocido como “el Brazo del Trajinista”, que por su profundidad se usaba de fondeadero para la reparación de buques y amarre de embarcaciones pequeñas.

Estos vecinos juntaron firmas para solicitar la división del curato de la Concepción y el establecimiento de otro con sede en la inconclusa iglesia de Belén, en el nombre y la advocación del glorioso San Pedro González Telmo, protector de los navegantes.

El último Obispo de la época colonial, monseñor Benito de Lué yRiega, accede al pedido y crea la parroquia San Pedro González Telmo, como reza en los mosaicos conmemorativos bajo la estatua de San Pedro en el atrio, estableciendo su sede en Nuestra Señora de Belén hasta tanto se erigiera el templo cabecera, cosa que nunca se realizó.

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San Cristóbal, y la tozudez de un capellán

El padre Juan de Dios Arenas fue el primero que se hizo cargo de la capilla de San Cristóbal del barrio homónimo, el 17 de mayo de 1875. En esa época las esquinas de San Juan y Jujuy no existían tal cual las conocemos. El lugar era inhóspito, desolado. Tanto que el promedio de permanencia de los capellanes era de 5 días.

El padre Juan estuvo durante 11 años allí. Había nacido en Morón de la Frontera, en Sevilla el 8 de marzo de 1826. Llegó a Buenos Aires en 1867. En ese mismo año fue nombrado teniente-cura de San José de Flores.

A poco de llegar, se dio cuenta que los niños del lugar no asistían a la escuela por lo lejana que ésta estaba, por lo que en la misma capilla fundó una escuelita para niños pobres. Otra de sus primeras tareas fue ir reuniendo fondos para la construcción del templo. Instaló las “Fiestas de San Cristóbal”, que duraban algunos días, con bandas de música, corridas de sortija. Después de varios años, el resultado de estas fiestas acabó por permitirle habilitar una nave del templo.

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