Puesta en valor de la Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola

El Casco Histórico de la ciudad de Buenos Aires constituye un lugar único e irrepetible. Ningún otro en la ciudad atesora la memoria y la historia de Argentina. Por sus dimensiones, la calidad de sus espacios públicos y sus edificios y por haber sido el marco de importantes acontecimientos del pasado, trasciende el nivel local y alcanza jerarquía internacional. En ese contexto el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires puso en acción un plan de puesta en valor de la fachada de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales San Ignacio de Loyola.

Canal Patrimonio_Miguel Cabrera

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La Cripta de Santa Rosa de Lima

Tiene su ingreso por la calle Pasco. En el simbolismo religioso, al igual que María Auxiliadora en Almagro, corresponde a los penitentes. Su superficie y estilo arquitectónico es similar a la Basílica Santa Rosa del Lima del barrio de Balvanera.

Es de planta cuadrada, con dos anillos octogonales de columnas que están debajo de las que se encuentran en el templo principal. Son también de mármol pero rosado. El piso es de color marfil.

El altar Mayor está tallado en mármol de Carrara presenta apliques con láminas de oro y posee una réplica exacta del grupo escultórico La Piedad, de Miguel Angel, que se encuentra en el Vaticano.

Encontramos un altar Menor dedicado a Santa Teresita del Niño Jesús y la primera imagen que el templo tuvo del Sagrado Corazón.

Es el lugar de descanso de la bienechora del templo María de los Remedios Unzué, quien falleció en 1950 y traslada a la Basílica en 1955 junto con los los restos de su esposo Angel Torcuato de Alvear (hermano del presidente de la República Marcelo Torcuato) fallecido en Paris en 1905.

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El templo que resistió el abandono

En 1930 Agustín P. Justo decidió aprobar un proyecto por el que la Municipalidad de Buenos Aires debía estar emplazada en el centro geográfico de la ciudad , es decir Caballito, y para ello se instalaría en el terreno que ocupaba el Colegio de la Santa Unión y su capilla.

Tras muchos años de dilaciones, en 1937 se aprobó la Ley de Expropiación, la cesión de otros terrenos y la indemnización a la Congregación de la Santa Unión de los Sagrados Corazones  y finalmente el 11 de marzo de 1939, Monseñor Anonio Rocca celebró la  última misa. Se desafectó el templo del culto y al día siguiente la Congregación se trasladó a la calle Seguí 921, frente a Plaza Irlanda.

Pasaron años para que esa capilla volviera al culto y se transformara en la Parroquia y Santuario Nuestra Señora de Caacupé.

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