La Cúpula del Espiritu Santo

La Basílica del Espíritu Santo, en el barrio de Palermo, es una verdadera teología puesta en piedra. En cada columna hay un símbolo, en cada arco una intención, en cada grupo una enseñanza profunda.

De su cúpula centran rayos de luz emanan formando las siete gracias: Piedad, Fortaleza, Entendimiento, Sabiduría, Consejo, Ciencia y Santo Temor de Dios. La claridad envuelve el círculo en que se asoma el Espíritu Santo y surgen cabezas aladas de ángeles. 

Más allá de los ángeles decrece la claridad de la luz; nubes blancas cubren un fondo algo oscuro en que aparece el Mundo material y corpóreo. La mole misma sobre la que descansa la bóveda parece la Tierra sobre la cual desciende el Cielo. SEGUÍ LEYENDO …

© Miguel Cabrera

Nuestra Señora del Carmen de Urquiza

En 1912, para darle mayor amplitud al templo, se construyó a ambos lados de los muros existentes dos naves laterales con acceso a la nave central. Las aberturas de los ventanales fueron cubiertos con hermosos vitraux, donados por la familia Mengani. Al techo de chapas de cinc, fue necesario elevarlo para poder construir una loza con el cielo raso abovedado, el que está sostenido por paralelas columnas con bases y capiteles artísticamente moldurados.
Las puertas del pórtico las decoraron con vitrales con imágenes de San Fernando y San Antonio, los que fueron donados por los matrimonios Fernando González y don Antonio Canicoba.
Con el objeto de mejorar el aspecto edilicio del exterior de la iglesia, procedieron a modernizar las líneas del frente; para ello, construyeron en el atrio un pórtico cubierto por una losa colocada en forma de alero el que sostenía sobre sus capiteles el frontispicio de forma triangular.
Para completar la obra, elevaron la torre agregándole en la cúpula un cuerpo piramidal coronado por una artística cruz de hierro, por último al campanario le anexaron una nueva campana, donación de los esposos González y como nota descollante aplicaron a la torre un reloj eléctrico, obsequio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. SEGUÍ LEYENDO…
®Miguel Cabrera

La Cripta que esconde una joya inadvertida

Ubicada en el subsuelo de la Basílica del Santísimo Sacramento, en el barrio Retiro, la cripta fue inaugurada en 1911, cuatro años antes que el templo del nivel superior. Entre las puertas de la entrada, se ve la tumba de la benefactora de la Basílica, en una capillita que corresponde a la base del campanario central. Construida en un estilo románico más sencillo que el templo principal, la cripta está hecha con materiales de la calidad más alta que se encontraba en Europa a principios del siglo XX: piso granítico de Alemania; mármoles y luminarias de Italia; columnas de piedra de una sola pieza, y bancos de maderas de Brujas, Bélgica.

El altar, revestido de piedra ónix conserva una “joya que pasa inadvertida”, según me dijo el padre Leopoldo Jiménez Montenegro, párroco de la basílica en 2011, que es el baldaquino, es una especie de templete donde se coloca la custodia con el Santísimo para su adoración. “Esa cúpula es una sola pieza de ónix muy difícil de conseguir” comentó el párroco.

La construcción fue diseñada en París por los arquitectos franceses Chauvet y Coulomb y ejecutada, bajo la dirección técnica del italiano Ernesto Vespignani. Quien quitó del proyecto inicial dos hileras de columnas, con las que Mercedes Anchorena mandó construir otra iglesia: Nuestra Señora de las Mercedes, hecha en su honor, en Echeverría al 1300, en Belgrano.

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© Miguel Cabrera

La Puerta del Comulgatorio

En la mañana del día 5 de julio de 1807, cuando el ejército británico se dispuso a conquistar Buenos Aires, el monasterio Santa Catalina de Siena del barrio, de Retiro, fue ocupado por tropas pertenecientes al 5º regimiento inglés. Los atacantes penetraron por la pequeña puerta del comulgatorio que comunica con el coro bajo y permanecieron en el lugar hasta el día 7 del mismo mes.

Allí recibimos de rodillas en un profundo silencio: acabábamos de prepararnos para la muerte que creíamos cierta… Unos apuntaban con fusiles; otros nos asestaban con las bayonetas; y otros nos amenazaban con sus espadas…

así relato el primer contacto con ejército invasor la priora del convento, Teresa de la santísima Trinidad en una carta fechada el 27 de setiembre de 1807.

Encerradas en una celda a oscuras y sin otro alimento que  “…el Santísimo Cuerpo de nuestro amabilísimo Redentor Jesucristo en la comunión del día anterior…”, las religiosas no fueron agredidas físicamente por los soldados. El convento sufrió un destrozo importante: la puerta fue rota a hachazos, ropas, camas y muebles fueron robados, rotos, o utilizados para los enfermos. El templo fue profanado; rompieron imágenes, robaron adornos y los pocos vasos sagrados que no se habían enterrado. SEGUÍ LEYENDO…

Miguel Cabrera ®

La Piedad del Socorro

En 1938, siendo el cura párroco de la Basílica Nuestra Señora del Socorro del barrio de Retiro, Miguel Lloveras  comenzó las obras de restauración del Templo  y sus dependencias. Demolió la casa parroquial. Año tras año hasta 1953 se realizaron los trabajos de restauración. Cuatro años después, se compra de la casa contigua, sobre Suipacha, para la nueva sacristía y aulas salones para las obras sociales y más adelante el colegio parroquial, también para la ampliación de la Capilla del Señor de los Milagros.

Entre 1991 y 1992 se crea la Fundación del Socorro. Se vuelven a realizar importantes obras de restauración y mantenimiento del Templo y Casa parroquial. Se coloca en el atrio “La Piedad”, grupo escultórico donado por la familia del presbítero Ernesto Mai, bendecido el 14 de septiembre de 1992 por el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Antonio Quarracino. SEGUÍ LEYENDO…

©Miguel Cabrera