Iglesia Mater Misericordeiae

La Iglesia Mater Misericordeiae es conocida también como “la Iglesia de los Italianos”, fue el primer lugar de residencia y trabajo en de los Salesianos de la primera expedición misionera en la ciudad de Buenos Aires.

A mediados del siglo XIX, un grupo de inmigrantes devotos a esa advocación de la Virgen María crearon la Cofradía de Mater Misericordiae. La imagen peregrinó por varios templos hasta que en 1866 adquirieron unos terrenos que pertenecían a doña Pilar Spano de Guido, viuda del general Tomás Guido y madre del poeta Carlos Guido y Spano. En 1870 se inauguró la soñada iglesia donde cientos de italianos residentes en Buenos Aires se congregaban semanalmente para cumplir sus votos y devociones.

procesion virgen del rosario 1930 mater misericordea.pngEl 14 de diciembre de 1875, los 10 primeros salesianos, enviados por Don Bosco asumen la atención pastoral de los inmigrantes italianos en esta iglesia.

Don Juan Bosco mater.pngEn su sacristía y en su atrio funcionó la primera aula y el primer oratorio de los hijos de Don Bosco en el continente americano.

María, Madre de la misericordia

En el Magnificat, Santa María canta la misericordia, el amor alegre de Dios que viene a devolver la felicidad a un mundo entristecido. Ella es la primera Hija de la misericordia de Dios; y a la vez que Hija, es Madre del Dios de misericordia: por eso la llamamos Mater misericordiæ.

Cuando Gabriel le comunica la noticia alegre, el evangelio que, desde la humildad de un pueblo de Galilea, cambiará la vida de los hombres para siempre, “la Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración”. El Señor también ha escuchado a Isabel, le dice el ángel a la Virgen, antes de retirarse. Santa María reposa unos instantes las palabras de Gabriel: se abre paso en su interior una alegría que le ensancha el alma y que, a la vez, la recoge en adoración del Dios escondido, latens Deitas, que ahora alberga en su seno. Al poco, está ya saliendo para la montaña: su prima quizá necesita que le dé una mano; y, casi más, necesita también ella ir a verla, porque no cabe en su gozo, y no sabe de nadie más con quien pueda compartir ese feliz secreto, además de José. Santa María es ya en este momento “imagen de la futura Iglesia que, en su seno, lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia”.