Idas y venidas del retablo mayor de la Catedral

La historia del retablo mayor sigue en forma paralela las sucesivas alteraciones que experimentó la estructura original de nuestra Catedral entre los siglos XVII al XX.

El primer dato que encuentro mencionando al retablo es del carmelita Fray Pedro Carranza que, dirigiéndose al rey de España Felipe III, dice “un retablo viejo de lienzo y coro ni cosa que huela a devoción ni decencia”.

Ese viejo edificio es demolido, se construye otro y en 1693 seguía “sin adorno ni retablo pues sólo tiene el altar mayor un sagrario sin colgaduras y pocos ornamentos” describen dos sacerdotes al rey.

A mediados del siglo XVIII el Cabildo Eclesiástico dispuso: “componer el retablo del Altar mayor de una y otra cara por faltarle diferentes piezas y hallarse deteriorado por su antigüedad, y también por los clavos con que se afianzan las colchas, arcos, ramos, flores y demás aderezos con que se ha estado adornando para todas las festividades, pedimos que se dore la cara de adelante y se pinte la de atrás”

El retablo actual es de antes de 1774 y su realización es obra del artesano Isidro Lorea, nacido en Navarra.

Catedral metropolitana 2En 1782, el mismo Lorea pide que se le diga donde se va a colocar definitivamante. Allí se genera una discusión entre los sacerdotes y es el rey Carlos III quien resuelve: “Ordena que el coro se coloque en el presbiterio y que el Altar, pensado para colocar debajo de la cúpula, se ubique mas atrás”.

Luego se dieron cuenta, cosa que don Carlos no sabía,  que en el altar mayor había sepultados clérigos y civiles, entonces el retablo no podía estar allí, lo solucionaron colocándolo bien al fondo del Presbiterio.

Encontré también un escrito donde Diego de Alvear y Ponce de León, vecino de la ciudad, describe en 1803: “su hermoso tabernáculo triangular de columnas con toda la decoración y riqueza del orden compuesto; tiene sin embargo, el defecto de estar mal colocado y como encasquetado en la cabeza del crucero donde no cabe el segundo cuerpo (refiriéndose al coronamiento final) habiendo sido hecho para debajo de la cúpula, y se le ha puesto de remate o coronamiento recortado, que aun así quiere tocar a las cornisas, causando notable disgusto y mala vista”

Con el paso de los años el tabernáculo de Lorea sufrió diferentes remodelaciones, hasta se cerceno una parte que fue a parar a la primitiva Iglesia de San Jose de Flores. Templo que por otra parte fue demolido desconociéndose el paradero de esa pieza. Otros elementos fueron a la iglesia de General Las Heras en Buenos Aires, la que también fue remodelada y solo quedan de él dos capiteles.

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Estos sucesivos descuidos por el patrimonio hace que hoy no tengamos en nuestra  iglesia Catedral un extraordinario ejemplo de la tipología del altar haciéndola de características únicas no sólo en América sino también en España.

 

 

 

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I am Miguel Cabrerta Journalist and BA IGLESIAS founder`s . Currently living in Buenos Aires, Argentina. My interests range from religious tourism to writing. I am also interested in sports and running.

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