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Las Iglesias de Buenos Aires estan llenas de historias, conocelas

El museo de San Pedro Telmo

El Museo de la iglesia es relativamente nuevo aunque está físicamente establecido en una de las parroquias más antiguas de la ciudad, la de San Pedro González Telmo, cuya primera edificación data de 1734. El conjunto arquitectónico del edificio de la parroquia junto con la iglesia de Nuestra Señora de Belén, el antiguo colegio homónimo y la Casa de Ejercicios Espirituales fue construido en diferentes etapas. Los jesuitas realizaron la iglesia sobre una base de cruz griega, como era la costumbre en Europa (recordemos que los padres jesuitas eran europeos que venían a evangelizar estas tierras y traían los conocimientos del viejo mundo). La construyeron hasta cierta altura, luego se agregarían las cúpulas de las torres y la cúpula del transepto (espacio donde se une la nave longitudinal con la transversal) en 1859.

El Museo fue en un comienzo concebido como una muestra de objetos. En 1989 el Pbro. Horacio Astigueta abrió por primera vez el Museo Parroquial, donde más tarde, en 1999, el Pbro. Lic. Ernesto Salvia con la gran ayuda de unos cuantos colaboradores comenzó la ejecución de optimización del mismo. En 2005 se inauguró como museo propiamente dicho, con un recorrido armado por museólogos y especialistas del tema.

El espacio es abovedado, blanco, de líneas sencillas, en contraposición a la fachada de la iglesia, el altar y los retablos, de pintorescas líneas barrocas. La nave del museo recorre todo el largo de la iglesia y en sus paredes, nichos con estanterías nos cuentan un poco la historia de este establecimiento religioso. Nació con los jesuitas en 1634 y luego de la expulsión de estos en 1676, estuvo a cargo de la Junta de Temporalidades. Más tarde, en 1795, es entregado a los padres Bethlemitas quienes crean la primera escuela de medicina y finalmente, desde 1822, pertenece al Clero Secular cuando un decreto de secularización le quitó los bienes y ellos se dispersaron.

Entre los objetos que el museo atesora, se pueden encontrar vestigios de la orden jesuítica como páginas de libros antiguos, recipientes para la unción con la estrella de Belén y tres coronitas, que era el símbolo que caracterizaba a los padres Bethlemitas; muñecos de un pesebre con cuatro reyes magos; un reloj de péndulo que el Teniente Coronel Pack (comandante del regimiento 71 de las invasiones inglesas) regaló a los bethlemitas por las atenciones recibidas a sus heridos, brilla en la primera parte del recorrido, entre otros.

Una de las joyas mejor guardadas es la serie de las Sibilas, que son pinturas hechas en el siglo XVIII en talleres del Alto Perú sobre grabados traídos de Europa. Las Sibilas eran sacerdotisas que anunciaban presagios, entre ellos el nacimiento de Jesús. Cada cuadro tiene el nombre de la pitonisa junto con la adivinación y la región donde ésta estaba asociada. Las Sibilas se encuentran devotamente guardadas bajo llave en la sacristía, el recinto contiguo al altar, bajo condiciones lumínicas especiales para su resguardo. En ese mismo recinto, una obra obligada permitió que los muros de ladrillos antiquísimos queden al descubierto. Como la marca de una herida, están plasmadas en esa pared las diferentes intervenciones del paso de las costumbres o los cambios de uso del espacio. Una arcada donde tal vez antes encajaba un portón, fue achicada hasta que por allí sólo encajase una puerta simple de una hoja. En la abertura se puede ver el ancho de los muros, de un metro de espesor. No podemos omitir una imponente mesa de mármol blanco, que perteneció al Hospital Protomendicato y fue utilizada para intervenciones quirúrgicas durante las invasiones inglesas.

Finalmente las guías nos llevan a la iglesia y nos cuentan la historia de cada uno de los retablos y figuras religiosas. Nos muestran el altar, con la imagen de Nuestra Señora de Belén, San Pedro González Telmo y San Juan de Dios. A sus pies, símbolos náuticos (San Pedro Telmo, es el guardián de los navegantes). San Rafael, cuyas plegarias otorgan buena vista y pareja. Está el niño Jesús Alcalde con sus atuendos oscuros, entre tantos otros. Algunas de estas figuras son llevadas por las calles de San Telmo durante los días de procesión. La riqueza de estas imágenes contrasta con la austeridad de las paredes. Muchas iglesias de Buenos Aires tuvieron intervenciones en diferentes épocas y cada una se correspondía con la moda de turno. Por eso es común encontrar este contraste entre fachadas, naves y ornamentación en las iglesias del casco histórico.

Cabe destacar el órgano, fabricado por la casa italiana Locatelli, de Bérgamo, que se encuentra arriba del contra frente de la entrada principal, que cuenta con 2800 tubos y del cual hoy en día se pueden escuchar conciertos salidos de sus entrañas.

Por otro lado tenemos el cinerario, que nace del pedido del arzobispado a todas las iglesias que posean lugar para emprender esta construcción, ante la necesidad de muchas personas de tener un lugar donde depositar las cenizas de sus seres queridos. En este caso, un gran hueco en la tierra cuya boca se ubica en la capilla Nuestra Señora de Belén donde antes estaba el bautisterio de la iglesia.

 

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