Juan de Garay nombrado por el Gobernador de Asunción, Juan Torres de Vera y Aragón, como “Teniente Gobernador y Capitan General en todas las provincias del Rio de la Plata” bajó desde Asunción por el rio Paraná a fines del 1500 a repoblar Buenos Aires. Llevó consigo 60 “hijos de la tierra”, diez españoles y una mujer.

En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres Personas y un solo Dios verdadero, que vive y reina por siempre jamás, y de la gloriosísima Virgen Santa María su Madre, y de todos los santos y santas de la Corte del Cielo, yo Juan de Garay…, estando en este puerto de Santa María de Buenos Aires, … hago y fundo en este dicho asiento y puerto una ciudad la cual pueblo con los soldados y gente que al presente he traído para ello, y mandó que se intitule la ciudad de la Trinidad”

Escribe Garay en el acta el 11 de junio de 1580. El General español, residente en Asunción, ordenó el trazado según las Ordenanzas de Población de las Leyes de Indias de Felipe II del año 1573. Destinó para la iglesia mayor o catedral el mismo cuarto de manzana que ocupa hoy en día. En el acta de fundación se lee: “la iglesia de la cual pongo por advocación de la Santísima Trinidad, la cual sea y ha de ser iglesia mayor parroquial”. En lo que atañe a la jurisdicción eclesiástica, la nueva ciudad dependía de la diócesis del Río de la Plata, creada por el rey de España con acuerdo de Paulo III el 1º de julio de 1547, la misma tenía sede en Asunción.

parcelamiento_de_buenos_aires_garay_1580
Parcelamiento de Buenos Aires (1580)

La iglesia parroquial era una construcción con paredes de adobe, columnas de madera y techo de paja. En 1605 el gobernador Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, la mandó demoler por vieja e “indecente”. Un manuscrito del primer gobernador criollo de Buenos Aires reza “… la hice derribar y fabriqué de nuevo… y así este templo con todos los demás de esta Provincia, de pueblos indios como de las ciudades, hasta la Catedral, puedo decir que las he fabricado no sólo con el trabajo y constancia de mi persona, sino a costa de mi hacienda” En 1616 las vigas del techo se rompieron por el alto grado de putrefacción que tenían. Hernandarias mandó a reconstruirla y reformarla. Mientras se hacían proyectos para modificarla, solicitando para ello la contribución pecuniaria de los fieles, la iglesia acabó de derrumbarse. Ni el Cabildo de la ciudad ni los fieles perdieron el ánimo y enseguida fletaron una embarcación al Paraguay para adquirir y traer la madera necesaria para la reedificación del templo. Las obras se iniciaron en enero de 1618.

Hernandarias encargó al carpintero Pascual Ramírez que, junto a dos oficiales blancos y nueve indios, llevara a cabo la construcción del tempo por tercera vez. Su costo sería de 1.100 pesos. El nuevo edificio resultó más pequeño que el anterior, tanto que en 1621 ya se hablaba de construir otro destinado a Catedral.

Entre tanto, en Madrid y en Roma se llevaban a cabo los trámites para la creación de la diócesis de Buenos Aires. La bula de erección canónica por Su Santidad Paulo V está fechada el 30 de marzo de 1620. Según lo certificado por el escribano del Rey y Mayor de la Gobernación de Buenos Aires, don Juan de Munárriz, el 19 de enero de 1921 tomó posesión del nuevo obispado Fray Pedro de Carranza. El obispo señaló como catedral la única iglesia de clérigos que había en la ciudad. Y en su carta de 4 de mayo de ese mismo año escribía al rey: “está tan indecente (la catedral) que en España hay lugares en los campos de pastores y ganados más acomodados y limpios; no hay sacristía, sino una tan vieja, corta e indecente, de cañas, lloviéndose toda con suma pobreza de ornamentos”. Y más adelante: “El Santísimo Sacramento está en una caja de madera tosca y mal parada”. “Y en cuanto toca al edificio, es forzoso el entablarla y acomodarla, so pena de que dará toda en tierra y nos iremos a una Iglesia de un convento a hacer catedral”. Y en el auto de erección del 12 de mayo de 1622 dejó escrito:

“Sin coro ni sacristía a propósito, la cubrimos de nuevo y retejamos e hicimos sacristía nueva y coro y pusimos pila de agua bendita en medio de la iglesia y trajimos de España, con limosnas que su ma jestad dio y n osotros en parte tafetanes de colgadura y ternos y otros adornos para servicio del culto divino e hicimos fuera de esto, donación a la catedral de dos cuadros grandes con guarniciones doradas, el uno del glorioso San José, y el otro de la Magdalena”.

Además, instituyó dos cofradías: la del Carmen y la de Esclavos del Santísimo Sacramento.