En la zona fundacional del barrio de Mataderos, en el Sur Oeste de la ciudad, mas precisamente en Manuel Artigas al 6100, se encuentra un templo bajo la advocación de San Vicente de Paúl. Su historia está unida indefectiblemente el padre Luis Naón. El era un sacerdote Lazarista que había llegado, a comienzos del siglo pasado, de Cuyo donde fue Rector del Seminario Conciliar. Naon realizaba misiones en las cercanías de los mataderos que allí se encontraban.

Su tío, Juan era el propietario de la mayoría de los terrenos de la zona. A pedido del sacerdote le regalo unos lotes para que pudiera levantar un un templo y una escuela de Artes y Oficios en honor al Divino Rostro de Nuestro Señor Jesucristo. Con el apoyo del intendente Joaquín de Anchorena, el 28 de diciembre de 1913 se colocó la piedra fundamental en el marco de una gran fiesta popular a la cual asistieron más de 2000 fieles, con la participación de todas las personalidades reconocidas del vecindario. La magnitud del evento hizo que fuera cubierto por los diarios de la época El Fiscal, El Pueblo y Descanso Dominical.
La construcción fue creciendo casi sin descanso durante aproximadamente nueve años gracias a la colaboración de la gente del barrio, pero sobre todo por el impulso del llamado “Apóstol de Nueva Chicago”.
El padre Luis desplegaba su intensa actividad pastoral entre los vecinos, mientras estaba en cada detalle de la construcción del edificio de la iglesia: contrataba a los albañiles, definía todos los aspectos del diseño y buscaba los fondos para solventarlos. Su incansable trabajo por la comunidad, generó un profundo sentimiento de afecto y de reconocimiento de los vecinos por su sacerdote.
El padre Luis Naón, sellaría esa dedicación incluso con su propia muerte un día antes de la inauguración del templo. El 15 de abril de 1922, Sábado Santo, era el día elegido para bendecir la iglesia del Divino Rostro. Un día antes,en un momento que había dejado de confesar a los fieles, el padre Naón subió a la torre para inspeccionar las nuevas campanas que habían sido colocadas para que pudieran sonar por primera vez en la sagrada fiesta de la Resurrección; al hacerlo notó falta de pintura y limpieza en la cúpula de la iglesia. Tras una charla con un albañil vecino decidió que lo mejor y más económico, debido a la sencillez del trabajo, era hacer las refacciones él mismo. Ese mediodía subió la escalera caracol y al llegar arriba su sotana se enganchó con una saliente de la estructura metálica y cayó desde lo alto, muriendo al instante. La noticia fue un duro golpe para el barrio; se pospuso la inauguración de la parroquia hasta el 25 de mayo de ese año. En homenaje al sacerdote Lazarista se le cambió el título por el de San Vicente de Paúl. La escuela se inauguro recién 1924.
Algunos años después, se construyó muy cerca un barrio y aqui es donde los historiadiores se dividen, unos dicen que fue en honor al sacerdote y otros en homenaje a su tio dueño de las tierras donde se construyo.