A principios de siglo XX muchas iglesias del casco histórico sufrieron el ataque de la modernidad. Eso nos ha privado, a diferencia de lo que pasa en algunas capitales europeas, del ver la arquitectura original en muchos templos. Lo ecléctico neo renacentistas invadió a muchos decisores de nuestra ciudad. Les dejo sobre el final una nota del diario La Razón de 1918 a la que suscribo plenamente.

Originalmente la fachada era muy sobria, dividida en dos cuerpos por un esquemático entablamento (el remate del edificio) y con pilastras sin base ni capitel. En el eje se abría la puerta de acceso, de vano semicircular y, en el piso superior, sobre ella, había un nicho con una imagen. Finalmente, corría otro entablamento más importante y un sencillo pretil con la figura del Santo Arcángel.San Miguel Daguerrotipo 1850.png

Su sencillez original fue alterada en 1918 por iniciativa de Monseñor Miguel de Andrea (fue el párroco desde 1912 hasta su fallecimiento en 1960) y obra del arquitecto y pintor italiano, nacido en Modena, Augusto C. Ferrari.

El diario La Razón del miércoles 21 de agosto de 1918 se expresaba en estos términos:

¨Hasta hace poco, la fachada de la iglesia (San Miguel Arcángel) era una modesta fachada embellecida por la tradición, ya que no por su arquitectura, ni su decorado, como que en ella nada había de monumental, ni de exótico, ni de pintoresco. Simple y respirando honradez, diríamos de ella, y además con fisonomía de un ser humano que ha vivido mucho y no ha hecho mal a nadie. Un buen día, a cubierto de tablones y andamiadas, el frente de San Miguel se transforma. Surgen, como por encanto, columnas que personas entendidas nos juran ser de estilo Corintio, sin que nosotros lo afirmemos, rosetones que nos dicen ser de romanas civilizaciones, sin que osemos atestiguarlo, arquitrabes bizantinos, de lo cual no damos fe. Cárgase la fachada de cariátides, adornos y cosas inusitadas y cuando aquello se convierte en una frente lombrosiana, que es como alguien nos clasifica la asimetría, salientes y abultamientos de esa ornamentación, unas paladas de purpurina sobre el revoque de áspera tierra romana, ponen el ¨se ha consumado¨ a la irreverencia. Lo que fue templo de frontispicio no muy elegante, pero si muy viejo Buenos Aires, resurge en iglesia de un bizantinismo no muy explicable y a todas luces presuntuoso, con sus cruces de Constantino y su leyenda ¨Michelis: defende nos in proelio¨ en esmalte azul sobre fondo aureo. La advocación de nada ha servido. San Miguel no ha podido preservar a sus devotos de la tentación de ponerse en evidencia. Se ha pecado dos veces: pecado de vanidad y pecado de mal gusto. No es de hoy por cierto que se señala este prurito de modernización a toda costa. La modernización empieza en nuestro sistema edilicio y concluye en nuestras ideas generales. Un desamor realmente lamentable por las cosas que nos pertenecen por herencia, nos lleva a devastar nuestro pasado, ayer era la casa de la virreina, hoy la fachada de la iglesia San Miguel¨.

 

 

El 14 de abril de 1981 en la Sección Ciudad, el periódico La Nación comentaba lo siguiente:

” desde las bóvedas del techo, antaño cuidadosamente ornamentado, hasta el piso, el templo proporciona a sus fieles la imagen de una decrepitud inmerecida. Pinturas agobiadas por el avance de la humedad, cuyos efectos dibujan siluetas singulares en todas las paredes, revestimientos interiores y exteriores que se desprenden lentamente, mármoles heridos por las rajaduras, y telarañas de cables colgando entre molduras semidestruídas, integran un cuadro gris…”

Para que el estado Nacional pueda intervenir en su conservación ese año, la iglesia fue nombrada Monumento Histórico Nacional mediante el decreto 2088. Las obras comenzaron 10 años despuésSan Miguel Arcangel 2016.png