Una historia legendaria tuvo lugar como escenario la Basílica Nuestra Señora de la Piedad del Monte Calvario.

Cuenta el historiador Julio Luqui Lagleyze: ” A fines de 1779 llega frente a un oratorio donde hoy se encuentra la basílcia una mujer con hábitos, cargando unas pocas cosas y ayudada por un palo rematado por una cruz. Era Sor María Antonia de Paz y Figueroa, la beata Mama Antula. La acompañan Ramona Díaz y Manuela Villanueva. Al llegar allí unos niños se burlaron de ellas y las apedrearon. Las tres ingresaron al templo para agradecer a Dios haber llegado con bien a la ciudad, ya que venian caminando desde Santiago del Estero. Allí en La Piedad, sor María Antonia tiene la visión de su misión”.

Luego de haber levantado la Santa Casa de Ejercicios, la religiosa falleció el 7 de marzo de 1799, acompañada por el reconocimiento de los vecinos porteños. Había pedido ser enterrada en el campo santo de La Piedad.

Cuando se iniciaron las obras de construcción del nuevo templo, se quiso retirar sus restos; durante cinco años se buscó sin éxito, hasta que el 25 de mayo de 1867, ante los obreros apareció una niña vestida de blanco, que les dijo que el lugar donde buscaban era el equivocado, y les marcó con su dedo otro donde, luego de escarbar, encontraron las piezas mortales. La historia fue corroborada por varios testigos.