Existe una historia sobre el tapiz “La adoración de los Reyes Magos” tejido según el lienzo del pintor italiano Tiziano Vecellio o Vecelli, conocido tradicionalmente en español como Tiziano o Ticiano. Algunos se la atribuyen al profesor Diego Amado Del Pino (1921-2008), resulta extraño porque es un tema poco abordado por el historiador porteño. Cuando encontré esta historia el profesor falleció con lo que no pude corroborar su certeza. Lo cierto es que el tapiz existe y esta es la historia que pude rescatar.

felipe-IIEn 1580 reinaba en España Felipe II “el Prudente”, por entonces el monarca más poderoso de la Tierra y gran defensor del catolicismo y de la contrarreforma. Este soberano encomendó a los grandes maestros tapiceros de “Bruselas Bravante”, en los Países Bajos, un bello tapiz decorativo inspirado en un motivo religioso del Tiziano: “La Adoración de los Reyes Magos” (1559), remitiendo para ello una copia en cartón.

Los orfebres trabajaron sin descanso y al cabo de un tiempo, finalizaron su labor, y enviaron la obra a la corte, donde fue colocada en una pared del Palacio Real, bien a la vista de todos. El fabuloso tapiz mide siete metros de largo por cinco de alFernando_VII.pngto.

En 1657 Felipe IV obsequió el tapiz a las Clarisas de Madrid, religiosas capuchinas de la Orden de San Francisco, quienes recibieron el presente con entusiasmo, colocándolo junto al coro bajo, donde estuvo expuesto hasta 1808, época de Fernando VII.

Este monarca, tan ligado a nuestra historia patria, decidió homenajear al gobernador de las Islas Filipinas enviándole de regalo el magnífico tapiz y hacia tan remoto destino lo despachó a bordo de un buque de su armada en 1815.

Ocurrió que en las islas Canarias, la nave se topó con el “Vigilancia”, buque corsario argentino que al comandó de Walter Davies Chitty, cuñado del Almirante Brown, la capturó y se hizo de su carga.

Una vez en Buenos Aires, el “Vigilancia” desembarcó el botín y siguiendo la costumbre de la época, el gobierno porteño lo declaró “buena presa” para ponerlo a remate público.

Pedro_Pablo_Vidal.pngOcurrió que el canónigo de nuestra catedral, presbítero Dr. Pedro Pablo Vidal, se interesó por la magnífica obra de arte, pagando por ella la suma de 19 onzas de oro (equivalente a once mexicanos del mismo metal), importe que abonó en “pelucones”, monedas de uso corriente, así llamadas por representar al monarca español con una gran peluca.

El sacerdote, que mucho sabía de arte y algo de tapices, comprendió desde el primer momento que aquella textura, sus vivos colores y la justeza de su copiado, eran evidencia de que se hallaba frente a una pieza de incalculable valor y en vista de ello, tras determinar su autenticidad, la envió como obsequio al Convento de Santa Clara (en la iglesia San Juan Bautista), a cargo de las hermanas capuchinas.

En años posteriores, una de las religiosas, apiadándose de las monjas ancianas que en pleno invierno debían arrodillarse en el piso helado durante las misas, decidió hacer unos tapetes cortando varios rectángulos del tapiz. En otro momento, al romperse un vitral lateral, las hermanas no tuvieron mejor idea que cubrir el boquete con lo que quedaba de la tela, a efectos de que la lluvia, el granizo y la humedad no estropeasen el antiguo órgano del templo.

Alrededor de 1870, siendo abadesa la Madre Carmen, llegaron a Buenos Aires directivos de la fábrica de gobelinos de París, con la misión de certificar tanto la antigüedad como la autenticidad de la pieza.

gobelino la adoracion de los reyes

Promediando el siglo XX las Clarisas no tenían lugar en su nuevo convento en Paso del Rey de la localidad de Moreno y lo entregaron para ser colocado en el palacio de la Conferencia Episcopal Argentina, Suipacha 1034, previa tarea de restauración por expertos maestros artesanos. La magnífica obra fue colgada en la sala principal del primer piso y allí permanece a hasta nuestros días.