En 1912, para darle mayor amplitud al templo, se construyó a ambos lados de los muros existentes dos naves laterales con acceso a la nave central. Las aberturas de los ventanales fueron cubiertos con hermosos vitraux, donados por la familia Mengani. Al techo de chapas de cinc, fue necesario elevarlo para poder construir una loza con el cielo raso abovedado, el que está sostenido por paralelas columnas con bases y capiteles artísticamente moldurados.
Las puertas del pórtico las decoraron con vitrales con imágenes de San Fernando y San Antonio, los que fueron donados por los matrimonios Fernando González y don Antonio Canicoba.
Con el objeto de mejorar el aspecto edilicio del exterior de la iglesia, procedieron a modernizar las líneas del frente; para ello, construyeron en el atrio un pórtico cubierto por una losa colocada en forma de alero el que sostenía sobre sus capiteles el frontispicio de forma triangular.
Para completar la obra, elevaron la torre agregándole en la cúpula un cuerpo piramidal coronado por una artística cruz de hierro, por último al campanario le anexaron una nueva campana, donación de los esposos González y como nota descollante aplicaron a la torre un reloj eléctrico, obsequio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. SEGUÍ LEYENDO…
®Miguel Cabrera