Los jesuitas José Sató y Juan Coris, colocaron la piedra fundamental en ese año, pero la edificación comenzó en 1872. Las obras fueron posibles gracias a los generosos aportes de las familias Lavallol y Marcó del Pont. En la construccion participó el arquitecto Pedro Luzetti. La obra se inauguró sin terminar, con altares provisorios, sin torres y sin revoque, en 1876.

Este templo, cuya terminación definitiva llevó 25 años, fue el segundo templo construido por la Compañía de Jesús en esta ciudad. La primera fue la de San Ignacio (Bolívar y Alsina), que data del siglo XVII. Me contaron en la iglesia que para terminarla Pedro Luzetti viajo a entrevistarse con el papa Pio IX para pedirle ayuda para concluir la iglesia. El papa, muy generoso, le entrego una caja de marfil que él utilizaba para tomar rapé y le dijo que la rifara. El arquitecto cumplio el pedido de su santidad y recaudó cinco mil pesos.

El templo incluye detalles valiosos de ornamentación, frescos alegóricos, altares de mármol y bronce traídos de Marsella y Barcelona. Gracias a los aportes realizados por familias pudientes, fue posible la construcción del altar mayor, uno de los más artísticos de Buenos Aires. SEGUÍ LEYENDO…

Miguel Cabrera